Tartas de queso vascas que hacen historia: ¡vota la más sabrosa!
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Receta tarta queso: la más cremosa al horno

Hay postres que nacen casi por casualidad y terminan convirtiéndose en auténticos iconos gastronómicos. Ese es el caso de la tarta de queso vasca quemada, un dulce que pasó de una pequeña cocina de San Sebastián a conquistar restaurantes y pastelerías de todo el mundo. Detrás de esta revolución está Santiago Rivera, chef del restaurante La Viña, considerado el creador de una de las tartas de queso más famosas del planeta. Su receta, basada en la sencillez y en el respeto por el producto, consiguió transformar un postre tradicional en un fenómeno internacional conocido hoy como Basque cheesecake.

La historia comenzó en los años 80, cuando Santiago Rivera empezó a experimentar en la cocina buscando una nueva versión de la clásica tarta de queso. Su inspiración llegó de la tarta de queso al estilo neoyorquino, pero decidió cambiar las reglas: eliminó la base de galleta para hacerla más ligera y directa, y aumentó la temperatura del horno para conseguir una característica que acabaría siendo su mayor símbolo: una superficie oscura, tostada y caramelizada, casi quemada, que contrasta con un interior cremoso, suave y fundente. Aquella decisión aparentemente sencilla dio lugar a una textura y un sabor que hoy son reconocibles en todo el mundo.
El éxito de la tarta de La Viña no llegó por los grandes adornos, sino precisamente por todo lo contrario: por su pureza. Santiago Rivera siempre ha defendido que una gran tarta de queso debe basarse en buenos ingredientes, equilibrio y una elaboración sin excesos. De hecho, el propio chef ha explicado que no siempre se siente identificado con algunas versiones modernas llenas de coberturas, frutas o combinaciones de sabores que, según él, pueden alejarse de la esencia original. Entre sus preferencias personales destaca una versión diferente: «A mí me gusta mucho la de chocolate», ha comentado en alguna ocasión.
Sin embargo, la historia de la tarta de queso vasca no tiene un único protagonista ni una sola receta. Aunque la creación de Santiago Rivera es la más conocida internacionalmente, la tradición vasca ha generado muchas interpretaciones de enorme prestigio. Una de las más influyentes fue la tarta de Zuberoa, creada por Hilario Arbelaitz, una elaboración que marcó una época y que muchos cocineros consideran una de las grandes tartas de queso de España. Su propuesta apostaba por una personalidad más profunda, con una mezcla donde la nata y los quesos con carácter, como el queso azul, aportaban complejidad sin perder la cremosidad.

Esa filosofía continúa en restaurantes como Azurmendi, donde el chef Eneko Atxa ha seguido una línea basada en potenciar los matices del queso vasco. Su visión defiende que el queso azul puede aportar profundidad, aroma y personalidad, siempre que esté integrado con equilibrio y no domine el conjunto. En la nueva generación también destaca Ama, en Tolosa, de Javier Rivero y Gorka Rico, una tarta reconocida por su capacidad para unir tradición y modernidad, manteniendo como prioridad una textura cremosa y un sabor limpio.
La fama de esta tarta también ha llegado a otras grandes casas gastronómicas. La versión de Etxebarri, vinculada a la filosofía del producto del chef Víctor Arguinzoniz, representa una interpretación más ligada a la alta cocina y al respeto absoluto por la materia prima. En San Sebastián, nombres como Aitor Lasa y la histórica Pastelería Otaegui mantienen viva la tradición donostiarra de tartas horneadas y cremosas, mientras que fuera de Euskadi, propuestas como la de Alex Cordobés en Madrid han demostrado que la pasión por este postre ya no entiende de fronteras.