El arquitecto del nuevo Bernabéu: «Un estadio icónico debe poder reconocerse a partir de un pequeño fragmento»
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Durante décadas, el Santiago Bernabéu ha sido mucho más que un estadio. Ha sido un símbolo del Real Madrid, un punto de referencia para la ciudad de Madrid y uno de los escenarios deportivos más reconocibles del mundo. Pero el gran desafío de su renovación no era únicamente modernizar sus instalaciones, sino conseguir algo mucho más ambicioso: transformar un edificio histórico sin perder su identidad y convertirlo en un icono arquitectónico del siglo XXI. Ese fue el reto que asumió L35 Architects, el estudio dirigido por Tristán López-Chicheri, responsable de una de las intervenciones arquitectónicas deportivas más complejas de los últimos años. Desde el inicio del concurso, la intención era clara: crear una imagen capaz de competir con los grandes símbolos arquitectónicos internacionales.
«Un estadio icónico debe poder reconocerse a partir de un pequeño fragmento»
Esa idea marcó toda la estrategia del proyecto. Para L35, un estadio memorable no debe depender de una visión completa del edificio, sino que cualquier parte de su arquitectura debe ser suficiente para identificarlo. La referencia era conseguir un efecto similar al de grandes iconos urbanos como la Torre Eiffel: una pequeña parte debe permitir reconstruir mentalmente el conjunto.

El resultado es una transformación radical de la imagen exterior del Bernabéu. Frente al concepto tradicional de un estadio con cuatro fachadas estáticas, el proyecto apuesta por una envolvente dinámica, cambiante y vinculada al movimiento del fútbol. Las nuevas cornisas modifican su altura según la relación del edificio con las calles que lo rodean, reduciendo la escala donde el estadio se acerca más a la ciudad y reforzando su presencia en las zonas con mayor perspectiva.
La nueva fachada metálica se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles del proyecto. Pero más allá de su impacto visual, responde a una compleja estrategia técnica. La piel exterior está formada por lamas de acero inoxidable parametrizadas, diseñadas para favorecer la ventilación natural, controlar la entrada de luz y generar una relación cambiante con el entorno.
El diseño de esta envolvente supuso uno de los mayores retos constructivos. Cada tramo del estadio es diferente y no existe un metro igual al anterior, lo que obligó a desarrollar un sistema de fabricación extremadamente preciso. En total, más de 6.300 paneles metálicos configuran una fachada única que modifica su percepción según la luz, la posición del espectador o el momento del día.
Pero, la renovación del Bernabéu va mucho más allá de una nueva imagen exterior. El proyecto responde a una nueva generación de estadios concebidos como espacios multifuncionales capaces de generar actividad durante los 365 días del año. La incorporación de una cubierta retráctil, un hipogeo para almacenar y conservar el césped, un marcador de 360º y nuevos sistemas logísticos convierten al estadio en una infraestructura preparada para acoger partidos, conciertos, eventos corporativos y nuevas experiencias para los visitantes.

La transformación responde a una evolución global de la arquitectura deportiva: los grandes estadios ya no son únicamente escenarios de competición, sino activos estratégicos para los clubes y las ciudades. En el caso del Bernabéu, su ubicación en pleno centro de Madrid aporta un valor añadido difícil de igualar.
«El Bernabéu ya era un elemento reconocible en Madrid, pero ahora se reconoce a nivel mundial»
Uno de los principales desafíos del proyecto fue precisamente su integración urbana. A diferencia de muchos estadios modernos situados en grandes áreas periféricas, el Bernabéu forma parte del tejido urbano de Madrid desde hace décadas. Por eso, L35 buscó un equilibrio entre la monumentalidad del edificio y su convivencia con el barrio.
La creación del nuevo gran lobby de acceso desde el Paseo de la Castellana responde a esa intención: abrir el estadio hacia la ciudad y generar una entrada representativa que mejore la relación entre el edificio y el espacio público. La complejidad del proyecto aumentó porque la reforma debía ejecutarse mientras el estadio continuaba funcionando. Mantener la actividad deportiva durante una obra de esta magnitud exigió una coordinación constante entre arquitectos, ingenieros y especialistas de diferentes disciplinas.
«Hacer el proyecto inicialmente mientras se jugaba en el estadio era muy complicado y había que coordinar muy bien todo lo que diseñaras para que fuera posible ejecutarlo», explicó López-Chicheri al recordar el proceso. El origen del proyecto se remonta a 2012, cuando comenzó el concurso internacional, y posteriormente a 2014, año en el que L35 resultó elegido para desarrollar la propuesta. Durante todo ese proceso, el estudio tuvo que imaginar un estadio preparado para necesidades futuras que todavía no estaban completamente definidas.

La experiencia del Bernabéu también ha supuesto un punto de inflexión para L35 Architects. El proyecto ha abierto al estudio nuevas oportunidades dentro de la arquitectura deportiva internacional, con seis nuevos estadios en desarrollo en distintos países, entre ellos proyectos en Bolivia y Dubái.
Para el equipo dirigido por Tristán López-Chicheri, la principal enseñanza ha sido la importancia de la colaboración entre disciplinas. Un proyecto de esta escala sólo puede hacerse realidad mediante la integración de arquitectura, ingeniería, tecnología y gestión.