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Micky Molina reaparece tras su huída del foco mediático: de la fama en los 90 a vivir en un pueblo de seis habitantes

Hubo un tiempo en el que Micky Molina era un rostro habitual en series y películas de producción nacional. Su presencia en series y películas de producción española le convirtió en uno de esos intérpretes reconocibles de finales de los 90 y principios de los 2000, con una carrera que, durante años, le mantuvo en un plano relevante dentro del audiovisual. A ello se sumaba también su exposición mediática, tanto por su apellido como por su vida personal, especialmente su relación con Lydia Bosch, con quien tuvo a su hija Andrea Molina. Con el paso del tiempo, sin embargo, su nombre fue perdiendo presencia en la industria, a medida que nuevos perfiles ocupaban su espacio y su carrera se iba diluyendo en lo público.

El punto de inflexión más comentado llegó en 2021, cuando el actor fue detenido en el aeropuerto de Ibiza por un episodio relacionado con las restricciones sanitarias del momento. Según se difundió entonces, se le atribuyeron delitos de resistencia y desobediencia grave tras un incidente con las autoridades. Aquel episodio, ampliamente recogido por la prensa generalista y la crónica social, supuso un golpe importante a su imagen pública y terminó por acelerar un proceso de alejamiento que ya venía gestándose desde hacía tiempo.

A partir de ahí, Micky Molina prácticamente desapareció del foco mediático. Sin proyectos destacados en primera línea y con apariciones cada vez más esporádicas, su figura quedó relegada a un segundo plano. En estos últimos años, distintos medios han apuntado a que el actor habría optado por una vida mucho más retirada, lejos del ritmo de la ciudad y del entorno profesional que había marcado su trayectoria durante décadas. Una decisión que, según se ha ido conociendo, responde a una voluntad personal de distanciarse del ruido mediático.

Micky Molina. (Foto: Europa Press)

En una reciente entrevista concedida a El Mundo, el actor explicaba con claridad ese cambio vital: «Yo ya estoy fuera del sistema. Me he dado cuenta de que no tengo nada que ver con lo que se está haciendo porque han cambiado la calidad por la cantidad. Tomé la decisión de irme al campo que voy a hacer 63 años y quiero disfrutar esta etapa en la que he entrado porque los 60 se notan un montón. No sólo en lo físico, sino también en lo intelectual». Unas palabras que resumen bien el giro que ha dado a su vida, algo que él decidió hacer de manera voluntaria.

Hoy, Micky Molina vive alejado del entorno urbano, en un pequeño pueblo donde la rutina es completamente distinta a la que conoció en sus años de mayor popularidad. Allí comparte su día a día con su perra Alma, a la que señala como una de sus principales compañías en esta etapa más tranquila. Según se ha ido contando en distintos perfiles sobre su situación actual, su vida discurre ahora en un entorno prácticamente aislado, con una población mínima y sin la exposición constante a la que estuvo sometido durante años.

Más allá del episodio concreto que marcó su retirada del foco, su historia refleja también algo habitual en muchas figuras de su generación, es decir, carreras que fueron muy visibles durante años y que, de forma progresiva, van desapareciendo de la actualidad y dejan de interesar al foco mediático. En su caso, además, con el añadido de pertenecer a una familia muy reconocida dentro del cine español y de haber mantenido relaciones que lo mantuvieron durante años en la órbita de la crónica social.

El resultado es una trayectoria que contrasta de forma evidente entre dos etapas muy distintas: la del actor que ocupaba pantalla y titulares, y la del hombre que hoy ha decidido alejarse de todo aquello.