Francisco Rivera convierte El Rocío en su ruta ‘a mesa puesta’: finca privada, arroz con langostinos y descansos lejos del polvo
COOL acompañó este viernes a la Hermandad de Triana en El Rocío
Durante la jornada coincidieron nombres como Francisco Rivera, Lourdes Montes, Tana Rivera o Victoria Federica de Marichalar
Además, COOL pudo conocer la discreta parada de Morante de la Puebla en Venta Mauro
COOL se puso este viernes en auténtico modo peregrino para descubrir cómo se vive realmente El Rocío desde dentro. Y para hacerlo, nos unimos a la Hermandad de Triana, una de las más emblemáticas y también una de las que más rostros conocidos reúne cada año durante el camino. Entre carretas, caballos, sevillanas y polvo desfilaron durante toda la jornada nombres como Francisco Rivera, Lourdes Montes, Tana Rivera, Victoria Federica de Marichalar o César Cadaval, protagonistas de una romería donde la fe sigue marcando el ritmo, pero donde también existe un Rocío mucho más exclusivo y organizado de lo que parece desde fuera.
La jornada comenzó antes incluso de que amaneciera. A las 6:30 de la mañana, cuando muchos peregrinos todavía intentaban desperezarse entre mantas, cafés improvisados y carros dormitorio, la Hermandad de Triana celebraba la santa misa antes de afrontar uno de los días más importantes y exigentes del recorrido: el paso por el Vado del Quema y la posterior llegada hasta Palacio del Rey. A esa hora, el Rocío todavía conserva cierta calma difícil de imaginar unas horas después. Solo se escuchan los cascos golpeando la tierra húmeda, las carretas empezando a moverse lentamente y el murmullo de quienes se preparan para una jornada interminable de arena, calor y kilómetros. Las mujeres terminan de colocarse flores y pendientes delante de pequeños espejos improvisados, los caballos empiezan a alinearse y el Simpecado de Triana —uno de los grandes símbolos de la hermandad, con su histórica pintura sobre cobre de 1854 y bordados atribuidos a Juan Manuel Rodríguez Ojeda— vuelve a convertirse en el centro absoluto del camino.
Y es precisamente ahí, detrás de esa imagen tan reconocible del Rocío, donde aparece la otra cara de la romería. Porque aunque Francisco Rivera proyecta cada año la imagen clásica del romero veterano entregado al sacrificio del camino —sombrero, caballo y largas horas bajo el sol andaluz—, lo cierto es que su Rocío está perfectamente diseñado para evitar precisamente la parte más dura de la experiencia. El viernes volvió a dejar una de las estampas más fotografiadas de la jornada durante el paso por el Quema, avanzando a caballo muy cerca del Simpecado y acompañado por Lourdes Montes, Tana Rivera y Victoria Federica de Marichalar. Lourdes Montes, fiel a la estética rociera que lleva años convirtiéndose en tendencia durante la romería, volvió a apostar por uno de los diseños de MiAbril —la firma que comparte junto a Rocío Terry— con una falda verde agua de lunares, camisa blanca de volantes y deportivas rosas. Muy cerca de ella caminaban Tana Rivera y Victoria Federica, convertidas durante buena parte de la mañana en dos de los rostros más perseguidos por fotógrafos y curiosos entre volantes, pañuelos y botas camperas.
Pero más allá de las fotografías y de la imagen pública que deja cada año el Rocío, COOL pudo conocer cómo se organiza realmente el camino del hijo de Paquirri. Porque mientras cientos de peregrinos avanzan durante horas prácticamente a pie y soportando el polvo, el calor y el cansancio acumulado, el extorero combina tradición y comodidad de una forma mucho más estratégica de lo que aparenta. Él hace buena parte del recorrido a caballo, siempre cerca del Simpecado y manteniendo esa imagen clásica de romero entregado al camino, mientras Lourdes Montes realiza muchos tramos desde una carreta perfectamente acondicionada, donde puede descansar, refugiarse del calor y escapar de una de las cosas más duras de la romería: el polvo constante que termina cubriéndolo absolutamente todo conforme avanza el día.
Uno de los puntos clave de esa organización es además el Restaurante Venta Mauro, situado en plena carretera de Villamanrique al Rocío, en el entorno de Doñana y convertido desde hace años en uno de los enclaves más conocidos y frecuentados del camino. Según ha podido confirmar COOL, Francisco Rivera estuvo allí el pasado martes, antes incluso del inicio oficial de la romería, acompañado por su entorno más cercano. Los habituales del Rocío aseguran además que, en años anteriores, el extorero acostumbraba a hacer parada durante el camino para dar de beber y descansar a los caballos antes de continuar la ruta, aunque este año no se le ha visto realizar esa parada tradicional durante el recorrido oficial. La venta, fundada en los años 90 y reformada en 2017, reproduce la arquitectura típica marismeña y se ha convertido en una referencia habitual para toreros, ganaderos y rostros conocidos durante estos días. Entre referencias taurinas, decoración campera y platos tan tradicionales como el arroz con pato o el rabo de toro, muchos aprovechan allí para hacer una de las últimas paradas cómodas antes de afrontar la entrada en la Raya Real y Pozo Máquina, dos de los puntos más duros y simbólicos de toda la romería.
Porque es justo ahí donde el Rocío cambia completamente. El paisaje se vuelve mucho más salvaje, el polvo empieza a cubrirlo todo, los caminos se estrechan y las carretas avanzan lentamente entre pinares y arena mientras el Simpecado marca el ritmo de cientos de peregrinos prácticamente hipnotizados tras él. Francisco Rivera suele mantenerse muy cerca durante ese tramo, alimentando esa imagen clásica del rociero veterano que acompaña a la hermandad año tras año. Sin embargo, cuando el camino empieza realmente a endurecerse, el Rocío del extorero vuelve a tomar una dirección bastante distinta a la del resto. Porque, según ha podido saber este medio, antes de afrontar los tramos más exigentes de la Raya, Rivera acostumbra a desviarse hacia la finca privada que posee muy cerca de la zona, donde desaparece durante varias horas junto a los suyos para descansar, refugiarse del calor y comer tranquilamente lejos del bullicio constante de la hermandad.