La confesión de Fran Rivera sobre la adicción de Carmina Ordoñez: «Nunca le hizo daño a nadie; podía ser mala para ella, pero nunca para los demás»
El ex matador de toros se abre en canal en su última entrevista televisiva con Sónsoles Ónega
Fran Rivera se sincera sobre la relación con sus hermanos tras su distanciamiento con Cayetano: «Me ha dolido»

Carmen Ordóñez, madre de los extoreros Francisco Rivera y Cayetano Rivera, defendía con fiereza a sus hijos a la mínima que la opinión pública les atacaba. «El daño a mí lo acepto, pero el daño a mis hijos no. Tú sabes que yo me convierto en leona y no parto peras con nadie», proclamó en vida la modelo y protagonista habitual de la prensa del corazón a finales del siglo XX.
Este sentimiento de protección fue heredado por su hijo mayor, que, después de 20 años de su muerte, lo ha expuesto en su última aparición en televisión. A la cónyuge de Francisco Rivera, Paquirri, le habría encantado que su hijo Fran se hubiese dedicado a otra profesión, «quizás farmacéutico», como le dijo a la cantante Lolita cuando asistió a su programa televisivo Con otro aire.
Corría el año 1996 y Francisco Rivera, con tan solo 22 años, ya exponía su vida frente a los toros. Viniendo de una estirpe torera, lo inusual hubiese sido ver a Rivera vestido con una bata blanca vendiendo paracetamol. Por más que intentó convencerle, al igual que hizo con Cayetano, no hubo manera.
«Yo soy hija de, sobrina de, cuñada de, exmujer de… todo de toreros. Pues yo preferiría ponerlos a todos en una coctelera y que torearan todos, a que toree Francisco. Pero bueno, si me ha tocado esto… si él es feliz, es lo que más me importa», dijo.
Mi madre nunca le hizo daño a nadie. Ella podía ser mala para ella, pero nunca para los demás.
Estas han sido las últimas declaraciones de Fran Rivera en el programa Y ahora Sonsoles del pasado 7 de septiembre en relación a la fuerte adicción a las sustancias que llevó a la prematura muerte de su madre a los 49 años. La noticia impactó a toda la sociedad española cuando fue encontrada sin vida en su domicilio. «Mi madre tuvo un problema de adicción enorme. Es una enfermedad que, cuando entra en una casa, la destroza», añadió.
Carmen Ordóñez era, según todos sus allegados, una persona buena con todos a los que quería. Lo primordial para ella era ver a los suyos felices y no dudaba en sacrificarse y pasar un mal trago con tal de que ese deseo se hiciese realidad.
«Era auténtica, de verdad, increíblemente buena, muy sensible y emocional. Tenía raza», recordaba con cariño el diestro. «Mi madre nunca le hizo daño a nadie. Ella podía ser mala para ella, pero nunca para los demás», recalcó.
El principio del fin de Carmina
Los primeros contactos de Carmen Ordóñez con las drogas llegaron tras el fallecimiento de su madre. Su progenitora, también conocida como Carmina, con ese temple tan apreciable bajo el que su hija siempre se refugiaba, falleció a inicios de los 80 y la socialité cambió esa protección materna por las pastillas para dormir, que la ayudaban a evadirse de un mundo cruel que la atormentaba.
Con el paso del tiempo, otros tipos de sustancias se fueron añadiendo en su día a día, que le dieron varios sustos, hasta el desenlace final el 23 de julio de 2004. Antes de dejarnos para siempre, Carmen buscó poner fin a su adicción con tratamientos de recuperación. Quiso tener fuerza de voluntad, pero con eso no bastaba. Su hijo Francisco, cada vez que tiene la ocasión, afirma que el proceso de rehabilitación es mucho más complejo que simplemente proponérselo y que los adictos son enfermos; por lo tanto, merecen ser cuidados.
Las experiencias vividas con su madre han marcado su propia vida. El empresario vive lo más alejado posible de todo tipo de sustancias adictivas y ha educado a su hija Cayetana sobre el peligro que conllevan. Tana, como se conoce a la nieta Carmina, era el ojito derecho de su abuela, de la que solo pudo disfrutar durante cinco años.
«Mi madre se moriría con Cayetana, Carmen, Francisco y Nicolás. Me da mucha pena que mis hijos no la hayan podido vivir», afirmó el maestro. Al menos, su hija mayor sí la pudo conocer; suerte que no comparte con el resto de sus hermanos.
La relación con Cayetano, en punto muerto
La relación con su hermano Cayetano Rivera se encuentra en un impás. Los hermanos han tenido demasiados desencuentros en los últimos años que solo han servido para distanciarlos. La última confrontación ha venido con la Corrida Goyesca hace tan solo tres días. Francisco, encargado de organizarla, tuvo que ver cómo Cayetano no acudía a la conmemoración del 75.º aniversario de la alternativa de su abuelo, Antonio Ordóñez.
Además, es bien sabido que Fran no aprueba la nueva relación sentimental de su hermano con Tamara Gorro. En un punto de no entendimiento, el mayor de los Rivera cree que esta situación no se daría de seguir su madre con vida: «Muchas de las cosas que han pasado no habrían sucedido estando mi madre aquí”.
Temas:
- Cayetano Rivera
- Fran Rivera