La curiosa exposición que muestra la pasión de la Reina Isabel II por el mundo del motor
La Reina Isabel II aprendió mecánica durante la Segunda Guerra Mundial
A la monarca le gustaba hacer cambios en los coches que utilizaba, para adaptarlos a sus gustos
La actualidad de la familia real británica pasa en los últimos días por el viaje a Oceanía de los reyes Carlos III y Camila. Un viaje que no está exento de polémica y que está dando al monarca más de un quebradero de cabeza. Sin embargo, a miles de kilómetros de distancia la Reina Isabel II vuelve a ser protagonista por una de sus aficiones más peculiares.
La abuela del príncipe de Gales era una apasionada del campo, la equitación, los perros de raza corgi y también la mecánica. Por llamativo que pueda resultar, la anterior jefa del Estado se desenvolvía con bastante soltura entre motores, gracias a los años que ejerció con mecánica y conductora durante la Segunda Guerra Mundial.
Isabel II nunca perdió su afición por el mundo del motor y ahora esta pasión es uno de los temas de una muestra que se ha inaugurado en la ciudad de Nueva York. Una exposición que recuerda la relación de la Reina Isabel II con la marca Land Rover, que siempre estuvo muy ligada a ella. De hecho, se va a subastar uno de los vehículos que perteneció a la madre de Carlos III.
La pasión de la Reina Isabel II por el mundo del motor y, en especial, por la mecánica, era tal que incluso inventó algunos mecanismos para sus coches que luego fueron aplicados por la marca. Así lo ha confirmado uno de los ejecutivos de Jaguar Land Rover a raíz de la inauguración de la exposición. En la muestra se pueden ver hasta 10 coches de los que condujo la Reina Isabel II a lo largo de su vida, algunos de ellos modificados personalmente por la monarca. Gracias al tiempo que pasó en el ejército, la abuela del príncipe Guillermo aprendió que se podían hacer adaptaciones a los coches según las necesidades del propietario o del conductor.
Por ejemplo, una de las adaptaciones que Isabel II hizo tenía que ver con otra de sus grandes pasiones, los perros corgi. Según ha explicado un responsable de la marca en unas declaraciones a la revista Town & Country, Isabel solicitó que se colocara un juego de barras para que los perros pudieran estar bien ubicados en la parte trasera del vehículo. Una adaptación que luego la compañía añadió como un extra a sus modelos.
Fueron varias las innovaciones que la monarca propuso para los vehículos que utilizaba y que la vimos conduciendo hasta la última etapa de su vida. Solía pedir que los vehículos incluyeran un sistema especial de botones para poder comunicarse con la persona que conducía. Los botones eran tres, uno para pedir que frenase, otro para que fuera más despacio y otro para que arrancara.
A la Reina Isabel II le gustaba mucho ponerse al volante y era habitual que en su tiempo libre utilizara su propio coche por los terrenos del Castillo de Windsor o por las tierras que rodeaban el Castillo de Balmoral. Es más, se encargó de supervisar el diseño del vehículo que transportó su féretro, al igual que hizo su marido, el príncipe Felipe de Edimburgo.
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