Nueva biografía del Duque de Edimburgo: «Renunció a su espíritu de líder para convertirse en un marido florero»
El duque de Edimburgo se retira de la vida pública
Operación consorte: todo preparado para la muerte del duque de Edimburgo
Una vida al servicio de su Majestad. Un evocador título que resume la primera biografía en francés que se acaba de publicar sobre la figura de Felipe de Edimburgo, un hombre que a sus casi 96 años por primera vez ha tomado una decisión por sí mismo, la de jubilarse.
Tras más de siete décadas cumpliendo fielmente las órdenes de la Reina, por fin, el Duque de Edimburgo se siente libre del yugo de la Corona. El joven y apuesto Felipe de Mountbatten apenas podía imaginar cuando se casó con la princesa Isabel que su vida iba a estar absolutamente controlada y medida al milímetro. Ni siquiera le permitieron darle su apellido a sus hijos, algo que nunca ha podido olvidar pese al amor y las concesiones a nivel privado que la Reina hizo por él.
Y es que a ojos de la opinión pública Felipe nunca ha sido rey, solo consorte, un títere en manos de Isabel, siempre presto a cumplir a sus deseos. Tanto es así que en palabras del autor de esta reveladora biografía, el joven militar «renunció a todo, a su brillante y prometedora carrera en la Royal Navy, a su apellido y su innato espíritu de líder para convertirse en un marido florero».
Para muchos, el Duque de Edimburgo nunca se ha mostrado tal como es y continúa siendo un completo extraño. A pesar de su peculiar sentido del humor, que en muchas ocasiones le ha puesto no solo a él sino también a la Reina en alguna que otra situación comprometida, pocos le conocen en realidad. Descendiente de la reina Victoria por línea materna, su férrea educación británica le imprimió un carácter fuerte, que tuvo que amoldar a las circunstancias de su matrimonio.
Considerado solo el marido de Isabel, en realidad, Felipe de Mountbatten ha sido una pieza fundamental para la familia Windsor. A pesar de haber renunciado a muchas cosas, entre ellas su papel como cabeza de la familia, en casa era él quien dictaba muchas de las normas por las que se regía la educación de sus hijos, algo a lo que sin embargo no se ha dado mucha importancia. Felipe siempre ha sido muy consciente de que su mayor obligación era hacer feliz a la Reina, que tenía grandes preocupaciones y decisiones que tomar en relación al futuro del país. Por todo eso, el consorte se volcaba en las cuestiones familiares y era la «roca» en la que se apoyaba la monarca.
Si al principio de su matrimonio intentó imponer sus decisiones, con el tiempo aprendió que era más lógico y fácil adaptarse a las circunstancias. Entre Isabel y Felipe llegó a existir un pacto no escrito de coexistencia pacífica, una relación de respeto y tolerancia mutua que les ha permitido convertirse en uno de los matrimonios más longevos que se recuerdan. Pero no todo es para siempre ni de color de rosa. Ahora Felipe ha dado por fin un golpe de efecto, con consentimiento y conocimiento de su esposa. Porque a su edad, ya ha visto demasiado y por una vez y para los años que le quedan le toca tomar sus propias decisiones sin esconderse.
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