Aumenta la preocupación por la salud de la emperatriz Masako: los médicos vigilan su evolución
La emperatriz sufre episodios de depresión desde hace años
Esta situación afecta de manera considerable a su agenda
La salud de la emperatriz de Japón ha sido siempre una cuestión que ha generado preocupación en el país asiático. La esposa del emperador Naruhito lleva años sufriendo episodios de depresión que han afectado al desarrollo de su actividad institucional. De hecho, han sido muchos los actos oficiales de los que se ha tenido que ausentar de manera recurrente.
Aprovechando su 62 cumpleaños, Masako se ha dirigido a los ciudadanos y ha compartido un mensaje en el que ha reflexionado sobre el 80 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. La emperatriz ha recalcado la importancia de no perder de vista lo que ocurrió entonces y tenerlo muy presente como algo que no debe volver a pasar. Un mensaje que cobra especial relevancia en un momento en el que la situación mundial es delicada.
La delicada salud de la emperatriz
La casa imperial ha querido además hacer una actualización sobre el estado de salud de la emperatriz. Masako padece un trastorno de adaptación que se le diagnosticó oficialmente en 2004, y que está relacionado con el estrés, la ansiedad y síntomas depresivos crónicos. Esto no le permite llevar una vida del todo normal.
Fuentes oficiales acaban de confirmar que la emperatriz sufre fluctuaciones en su estado, con fatiga persistente tras realizar cualquier actividad. Por este motivo, Masako continúa en tratamiento y su participación en la agenda es limitada y siempre supervisada por el equipo de médicos que se encarga de su tratamiento. No hay un agravamiento como tal, al menos, no de manera oficial, pero sí que ha aumentado la preocupación por su evolución a nivel general.
El trastorno que padece la emperatriz comenzó en torno a 1993, justo después de su boda con el entonces príncipe heredero. Masako sintió una enorme presión a consecuencia del rígido protocolo imperial y el aislamiento social. La emperatriz tiene restringidas las visitas de amigos, acceso limitado al teléfono y tiene que caminar detrás de su esposo.
A todo esto hay que añadir las presiones por tener un heredero varón, ya que en Japón no se permite a las mujeres ocupar el trono. Es más, las princesas pierden su título al casarse con hombres que no son miembros de la familia real. Esta norma solamente aplica a las mujeres, ya que los hombres sí que mantienen sus títulos y privilegios si se casan con una plebeya. Los casos más recientes son los de la princesa Mako -hija del príncipe Akishino-, que se casó en 2021 con Kei Komuro y el de la princesa Ayako, que se casó en 2018 con Kei Moriya
Masako tuvo que someterse a varios tratamientos de fertilidad e incluso sufrió un aborto. Finalmente, nació su hija, la princesa Aiko, pero la joven no será la heredera de su padre por las estrictas reglas de sucesión del Trono del Crisantemo. En la actualidad, el sucesor de Naruhito es su hermano menor -Fumihito, príncipe Akishino- y detrás de él su sobrino, el príncipe Hisahito.
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