La hija de Verónica Forqué recuerda su infierno final: “Era una zombi que sólo repetía: ‘Me quiero morir’”
Verónica Forqué fue una de las grandes actrices de este país y sus interpretaciones delante de las cámaras eran incomparables. Desde Kika hasta la mítica serie Pepa y Pepe, su manera de actuar quedó grabada en la historia audiovisual española. Pero no todo fue un camino de rosas. En la última etapa de su vida, la actriz atravesaba una situación muy delicada a nivel emocional y psicológico, algo que terminó pasándole factura hasta el trágico desenlace de su fallecimiento. Ahora, con la publicación de un nuevo libro, su hija María Iborra relata cómo vivió aquellos años y profundiza en la etapa en la que su madre participó en MasterChef Celebrity.
Antes de su muerte, la salud mental de la actriz preocupaba seriamente a su entorno. Todo comenzó a hacerse más evidente durante algunas entrevistas y apariciones públicas en las que pronunciaba frases que llamaban la atención, como: «El cuerpo ya no puede». Ahora, cuatro años después de perder a su madre, María Iborra se abre en canal y habla abiertamente de los momentos tan difíciles que vivieron, a través de un duro testimonio. Con este nuevo libro, titulado No soy Verónica Forqué, el objetivo de la autora es sanar y dar forma a un tributo marcado por el dolor, mientras recorre la vida de éxitos de su madre y el deterioro emocional que terminó por romperla.

El deterioro de la salud mental de Verónica Forqué no era algo nuevo y, según relata su hija, venía de lejos. Entre las páginas del libro aparecen numerosos detalles sobre aquella etapa, incluyendo referencias a su participación en MasterChef Celebrity. María explica que tuvo que mudarse a casa de su madre porque atravesaba una profunda depresión «desde la emisión del programa MasterChef».
En una entrevista concedida a ABC, María Iborra se ha sincerado sobre algunos de los momentos más dolorosos que vivió junto a su madre. «Mi madre se suicidó con un pañuelo. Era un pañuelo de seda, gris azulado con flores azules y granates, que se llevaron los forenses como un elemento de prueba, o por lo que fuera, y nunca me lo devolvieron. Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer. Enfrente de ella había un espejo, y seguramente se miró en él, y respiró profundamente, como para coger fuerzas, antes de dejarse caer para ahorcarse», confiesa María.
Sobre esas palabras, la hija de la actriz reconoce que todavía hay pensamientos que no consigue sacar de su cabeza: «Ahora me pregunto si, cuando yo salí de casa, ella ya había decidido que iba a ser ese día», afirma. Además, añade otro detalle que la marcó profundamente: «Lo cierto es que, según me contó Menuka, esa misma mañana se encontró con que mi madre había sacado del armario todos sus pañuelos y los había extendido en la cama. Naturalmente, le extrañó, aunque no supo interpretar la causa de ese despliegue. Ahora sabemos la causa: mi madre estaba valorando cuál de ellos sería el más adecuado. Un casting de pañuelos».
No era la primera vez que Verónica Forqué sufría una depresión. En 2014 ya confesó en una entrevista que atravesó «el estado más infernal» que había conocido. Un episodio que estuvo vinculado a la ruptura de su matrimonio de 34 años con el director de cine Manuel Iborra, algo que la llevó a un periodo de oscuridad que logró superar inicialmente gracias al apoyo de su hija y de su entorno más cercano.
Con el paso de los años también comenzaron a verse detalles relacionados con el miedo que sentía hacia la fama y la exposición pública. María Iborra cuenta que muchas veces «llegaba al hotel y se encerraba allí» y que incluso «llegó a hartarse de sí misma».

Uno de los puntos más delicados del libro llega al abordar la participación de la actriz en MasterChef Celebrity. En la entrevista, María confiesa: «Desde la producción de MasterChef debían de darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Así que tuvieron que decirse: ‘Uy, está fatal, está como unas maracas; qué bien, cuánta audiencia vamos a tener…’». Sobre ello, añade todavía con tristeza: «Era una loquita. ¡Y una loquita competitiva, o sea, una loquita por partida doble! ¿Había algo mejor que eso para elevar la audiencia?».
Recordemos que, cuando se emitió el programa, su participación desató una enorme ola de comentarios y críticas en redes sociales, algo que afectó profundamente a la actriz. María Iborra reconoce que aquello le impactó especialmente: «Jamás hubiera podido imaginar que su persona despertara unas reacciones tan furibundas de odio. Empezaron a prodigarse las críticas y a multiplicarse los haters, y ella se desestabilizó aún más. Se convirtió en una zombi. Ya ni siquiera se levantaba de la cama. ‘La he cagado. La gente me odia’, decía».
Tras la muerte de su madre, María Iborra reconoce que durante mucho tiempo convivió con una pregunta constante: «¿Podría yo haber hecho algo más? Respuesta: sí, muchísimo más». Aun así, hoy prefiere quedarse con el enorme cariño que recibió Verónica Forqué tras su fallecimiento, tanto por parte de compañeros de profesión como Antonio Resines, como por el mensaje institucional que llegó desde la Casa Real por parte de Felipe VI y Letizia Ortiz.
El cierre del libro es profundamente personal y emotivo. A través de unas palabras dirigidas directamente a su madre, María expresa: «La Verónica Forqué que te habías labrado durante décadas era mucho más poderosa que la Verónica Forqué que quiso destruir a Verónica Forqué. No lo conseguiste, mami, me alegro de poder decir que no lo conseguiste».