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El terremoto de magnitud 9.0 que ha desplazado una isla completa desde las profundidades de la Tierra: tiene a los científicos sin palabras

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante mucho tiempo se creyó que los terremotos liberaban su energía destructiva sólo de manera directa y unidireccional. Sin embargo, un reciente descubrimiento geofísico ha demostrado que la energía generada en la superficie puede propagarse hasta las profundidades de la Tierra, rebotar en el núcleo y volver con la fuerza suficiente para modificar la corteza terrestre. Este fenómeno, conocido como «eco sísmico», se ha confirmado por primera vez mediante el análisis detallado de los registros posteriores al terremoto de magnitud 9.0 que devastó Japón en marzo de 2011.

El estudio, liderado por científicos de la Universidad de Chicago y publicado en la revista Science, revela que las potentes ondas generadas por el roce de las placas tectónicas recorrieron más de 5.800 kilómetros hacia el interior de la Tierra. Allí, impactaron contra el núcleo externo, formado por metal líquido, y rebotaron de vuelta hacia la superficie. Todo este trayecto se completó en apenas 15 minutos. La energía que regresó fue equivalente a la de un terremoto independiente de magnitud 7,5, lo suficientemente fuerte como para desplazar Japón seis milímetros hacia el este de manera permanente.

El terremoto que devastó Japón en 2011

El terremoto de 2011, localizado frente a la costa de la región de Tohoku, se encuentra entre los más fuertes jamás registrados; el terremoto y el tsunami causaron la muerte de 20.000 personas en el país asiático. Éste fue uno de los sismos mejor documentados de la historia; debido a la larga historia sísmica de Japón, el país cuenta con miles de estaciones de monitoreo. Los científicos comenzaron de inmediato a analizar minuciosamente los datos registrados para intentar comprender lo sucedido.

Pero años después, una extraña irregularidad en los datos seguía inquietando a Sunyoung Park, profesora adjunta del Departamento de Ciencias Geofísicas de la Universidad de Chicago. Tras el terremoto principal, pero antes de las réplicas más importantes, las estaciones GPS detectaron un desplazamiento repentino hacia el este. Este desplazamiento no coincidió con ninguna de las réplicas registradas en la superficie. Sin embargo, curiosamente, fue registrado simultáneamente por estaciones de todo Japón.

«Normalmente, observamos un desfase como este cuando hay un terremoto real. Pero en este caso no se registró ninguna réplica en ese momento, así que teníamos mucha curiosidad», explicó Park a Chicago News. Junto con sus compañeros Hiroo Kanamori, del Caltech, y Luis Rivera, de la Universidad de Estrasburgo, Park comenzó a descartar posibles causas.

Finalmente, el equipo llegó a la conclusión de que se debía a una onda de energía del terremoto que se había propagado hacia abajo a través del planeta, impactando el núcleo externo de la Tierra (una aleación de metal líquido) y reverberando de vuelta a la corteza. Allí, desencadenó otro deslizamiento a lo largo de dos importantes límites de placas alrededor de Japón. El viaje de ida y vuelta, de unos 5.800 kilómetros en total, duró aproximadamente 15 minutos.

Evento sísmico

Aunque cada vez entendemos mejor los huracanes y los tornados, los terremotos siguen siendo difíciles de estudiar. Ocurren con poca frecuencia (sobre todo los sismos de gran magnitud) y se extienden por una zona muy amplia. Además, la mayor parte de la actividad sísmica tiene lugar a gran profundidad, o peor aún, bajo el océano, donde resulta difícil realizar mediciones.

Los científicos, entre ellos Park, están desarrollando métodos  innovadores para estudiar la sismología. Pero este hallazgo complica el análisis de los grandes terremotos y el movimiento de las placas tectónicas. «Esto indica que los grandes terremotos pueden influir en la falla incluso después de que haya terminado el temblor principal», señaló Park.

El evento identificado, que abarcó un área de aproximadamente 3000 kilómetros, es el sismo de mayor extensión jamás registrado. Liberó una cantidad de energía similar a la de un terremoto de magnitud 7,5. También es el primero del que se tiene constancia que involucra múltiples límites de placas tectónicas importantes; tuvo lugar tanto en la intersección de las placas del Pacífico y de Ojotsk, como entre las placas del Mar de Filipinas y de Eurasia.

Según los autores, no se detectó de inmediato porque los sensores sísmicos están diseñados para buscar las señales más cortas y de alta frecuencia que acompañan a los terremotos que se sienten en la superficie. «También hubo muchísimo ruido tras el terremoto de magnitud 9,0», explicó Park. Pero al comparar los datos GPS y sísmicos de estaciones de todo el país, pudieron desentrañar la señal.

Park cree que es probable que el fuerte temblor del terremoto original debilitara los límites de las placas, lo que facilitó que la onda posterior proveniente del núcleo reactivara el área alrededor del terremoto principal, además de desencadenar nuevos movimientos a lo largo de los límites de las placas más alejadas. «Esto indica que los grandes terremotos pueden influir en la falla incluso después de que haya terminado el temblor principal. Esto añade una dimensión completamente nueva al riesgo sísmico que desconocíamos hasta ahora», dijo Park.