No hay que dramatizar aún, pero Japón ha usado mapas 3D para detectar riesgos sísmicos bajo el mar en Estambul
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Un equipo de científicos japoneses, liderado por el profesor Yasuo Ogawa del Instituto de Ciencias de Tokio, ha conseguido una radiografía completa del mar de Mármara. Mediante el uso de mapas 3D de alta resolución, estos expertos han identificado con una precisión nunca antes vista las zonas donde se acumula la tensión tectónica frente a Estambul.
Los resultados fueron publicados en la revista Geology y han revelado una estructura de bloques rígidos que llevan más de 250 años bloqueados, lo que supone un foco de riesgos sísmicos latente para una de las regiones más pobladas del planeta.
Japón mapea en 3D los riesgos sísmicos en Estambul
La investigación se apoya en datos de 25 estaciones repartidas por tierra y suelo submarino, y utiliza la magnetotelúrica para medir la resistividad eléctrica de las rocas hasta 40 kilómetros de profundidad. Esta técnica, según explican los autores en el estudio, permite diferenciar los materiales que conducen la electricidad de aquellos que se resisten a ella.
Lo que han encontrado bajo el mar es un rompecabezas de zonas débiles, ricas en fluidos, que colindan con bloques masivos de roca seca y dura que no ceden al movimiento de las placas. En cuanto a la configuración del subsuelo, la mayor preocupación reside en los segmentos denominados «bloqueados».
Estos parches de la Falla del Norte de Anatolia no han liberado energía desde hace siglos, mientras que las áreas circundantes sí han registrado deslizamientos. Esta disparidad genera una concentración de estrés en los bordes donde el material rígido choca con el más blando. Es precisamente en estas fronteras donde los científicos japoneses sitúan el posible punto de inicio de una ruptura de gran magnitud.
¿Es posible estar frente a un nuevo megaterremoto?
El modelo identifica los puntos críticos de nucleación de un futuro seísmo, lo que permite priorizar las labores de prevención de desastres. Al conocer dónde la corteza está más «atascada», los expertos pueden estimar que un eventual terremoto en esta sección de unos 60 kilómetros podría alcanzar magnitudes de entre Mw 7,2 y 7,3, lo que supondría una energía liberada de entre 250,000 toneladas y 419,700 toneladas de TNT.
Este dato surge de calcular el déficit de deslizamiento acumulado, que oscila entre los 10 y 15 milímetros anuales, durante un periodo de recurrencia histórica de 260 años. Un terremoto con esa magnitud de momento (Mw) se clasifica como un terremoto mayor, capaz de causar daños graves en áreas pobladas.
Por otro lado, la presencia de fluidos atrapados en las fracturas de la roca juega un papel fundamental en este equilibrio precario. El agua salada aumenta la presión de poros, lo que reduce la fricción y facilita que ciertos bloques se deslicen lentamente sin causar grandes sacudidas.
Sin embargo, justo al lado de estas zonas «húmedas», los bloques de alta resistividad (denominados R1, R2 y R3) permanecen impasibles, «cargándose» de una energía elástica que tarde o temprano buscará una salida.
Factores críticos para los científicos japoneses
Esta compleja arquitectura subterránea explica por qué el riesgo no es uniforme. Se destacan tres factores críticos que los científicos japoneses han logrado mapear:
- El sistema de la Falla del Norte de Anatolia bajo el Mármara no es una línea continua, sino un conjunto de ramas complejas que siguen la antigua zona de sutura Intra-Pontide.
- Las anomalías de baja resistividad (C2 y C3) coinciden con una alta microseismicidad, lo que indica que el fluido facilita pequeñas fracturas constantes en esas áreas.
- Desde 1939, los grandes terremotos en esta falla han migrado de este a oeste; tras los desastres de İzmit y Düzce en 1999, el segmento del Mármara es el siguiente en la línea de progresión lógica.
Lo que se espera en la región del Mármara
Aunque los mapas 3D de Japón no pueden predecir el día ni la hora del impacto, permiten elaborar planes de contingencia. El estudio destaca que las fronteras entre los dominios de la corteza superior débil y fuerte actúan como puntos de nucleación.
«Los resultados pueden utilizarse para estimar la ubicación y la magnitud de futuros megaterremotos, que tendrán implicaciones críticas para la prevención y mitigación de desastres», afirma Ogawa en la información recogida por Earth.com.
Esto permite que los planes de emergencia en Estambul se enfoquen en los barrios más expuestos a las vibraciones que emanarían de estos puntos específicos.
Basados en la monitorización constante, los investigadores sugieren que la instalación de más sensores submarinos cerca de estas fronteras críticas podría detectar enjambres de pequeños sismos. Estas señales avisarían de cambios sutiles en el comportamiento de la falla.
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