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Paleontología

Descubrimiento histórico en Asturias: confirmadas las huellas de los lagartos jurásicos más antiguos de Europa

  • Alejo Lucarás
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La reciente identificación de rastros atribuidos a lagartos jurásicos en el litoral de Asturias ha sorprendido a paleontólogos locales y supone un avance relevante para el estudio del registro fósil europeo. Y es que hasta ahora, las evidencias de este tipo de reptiles en el Jurásico eran escasas, especialmente tras el Triásico, lo que dificultaba reconstruir su evolución y dispersión.

El descubrimiento, documentado por el equipo del Museo del Jurásico de Asturias (MAJU) junto a la Universidad de Geociencias de China, permitiría analizar con mayor precisión cómo eran estos animales y en qué condiciones ambientales se desplazaban. Las huellas, conservadas en areniscas del Jurásico Superior, han sido objeto de un estudio detallado y revelador.

Asturias confirma los lagartos jurásicos más antiguos de Europa

Los resultados de este hallazgo han sido publicados en la revista científica Ichnos, editada por el grupo Taylor & Francis. En él, los restos analizados corresponden a dos rastros diferenciados, denominados T1 y T2, localizados en los acantilados situados al este de la playa Villaverde, en el concejo de Villaviciosa.

Estas marcas se conservan como contramoldes, es decir, relieves abultados en la base de un estrato de arenisca con una antigüedad aproximada de 152 millones de años.

Huellas halladas en Asturias de los lagartos jurásicos. Foto: MAJU y Principado de Asturias.

Ambos conjuntos de icnitas forman ya parte de la colección permanente del MAJU y pueden contemplarse en la sala dedicada al Jurásico Asturiano. Según informó el Principado, la documentación científica certifica que se trata de los primeros rastros de lagartos jurásicos descritos en Europa.

Las huellas protagonistas de este artículo presentan las siguientes características concretas:

Este patrón ha permitido atribuirlas al icnogénero Rhynchosauriodes, ampliamente distribuido durante el Pérmico y el Triásico, pero con una presencia muy limitada en el Jurásico. Cabe aclarar que los ejemplares asturianos representan, además, su última aparición conocida en el registro fósil mundial.

¿Cómo son los rastros de los lagartos jurásicos hallados?

El rastro T1 está compuesto por siete icnitas: cuatro correspondientes a las manos y tres a los pies. A partir de sus dimensiones, los investigadores estiman que el animal que lo produjo medía en torno a 50 centímetros de longitud.

Por su parte, el rastro T2 incluye seis huellas (tres de manos y tres de pies) y se atribuye a un ejemplar más pequeño, de aproximadamente 30 centímetros.

Uno de los aspectos más llamativos del rastro T1 es la presencia de una estructura casi continua, ancha y recta, con escaso relieve y sección en V. Esta marca ha sido interpretada como el rastro de la cola del animal.

En condiciones normales de desplazamiento, la cola habría discurrido paralela a la línea media del rastro, pero en este caso aparece ligeramente desplazada en algunos tramos.

A su vez, la distancia entre las huellas de manos y pies varía a lo largo del recorrido, generando un trazado irregular. Esta singularidad llevó a los investigadores a plantear distintas hipótesis sobre el modo de locomoción que tenían estos lagartos jurásicos.

Experimentación con especies de lagartos actuales

Con el fin de interpretar la irregularidad observada en las huellas fósiles, el equipo realizó pruebas con especies actuales de lagartos. Los experimentos, de carácter no invasivo, se llevaron a cabo en un centro de la ciudad china de Jiangyin, en la provincia de Jiangsu.

Se trabajó con ejemplares de lagarto ocelado y lagarto barbudo en cautividad. El objetivo era observar cómo variaba su desplazamiento al pasar de un estado estático a uno en movimiento.

Los resultados mostraron que, especialmente en individuos juveniles, se producían giros bruscos que generaban patrones de huellas similares a los encontrados en Asturias.

Este comportamiento ayuda a explicar la irregularidad del rastro T1 y refuerza la interpretación de que las icnitas pertenecen a lagartos jurásicos en pleno desplazamiento sobre un terreno inestable.

¿En dónde quedaron impresas las huellas?

Las huellas se formaron en un contexto sedimentario concreto: un fango semiconsolidado propio de sistemas deltaicos del Jurásico Superior. Estos deltas desembocaban en un mar interior sin mareas significativas y protegido del fuerte oleaje por una barrera externa que lo separaba del océano abierto.

Ciertamente, esa configuración geográfica resultó determinante para la conservación de las icnitas. La ausencia de corrientes intensas y la rápida cobertura sedimentaria favorecieron que las marcas quedaran selladas y llegaran hasta la actualidad.

Así, con esta investigación, Asturias vuelve a reforzar su importante papel en el entendimiento de la etapa jurásica en Europa.