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Descubren un gigantesco acuífero bajo el Atlántico: un recurso que podría suministrar agua a Nueva York durante ocho siglos

Acuífero bajo el océano Atlántico
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Un equipo de investigadores ha confirmado la existencia de un gran acuífero bajo el océano Atlántico, frente a la costa noreste de Estados Unidos. La reserva se encuentra atrapada en sedimentos porosos, razón por la cual funciona como un acuífero subterráneo marino. Las mediciones se realizaron a unos 400 metros de profundidad, y los análisis confirmaron su composición. Estos sistemas se formaron durante los períodos glaciales, cuando el nivel del mar era más bajo, acumulando agua de lluvia y deshielo.

Posteriormente, con el aumento del nivel del mar, estas capas quedaron selladas y el agua atrapada en su interior. Los científicos consideran que el acuífero hallado bajo el océano Atlántico podría aportar una solución frente a las sequías en el futuro. Sin embargo, la extracción de agua dulce sería una tarea muy compleja, ya que podría haber intrusiones de agua salada a través de grietas y poros. Además, existe el riesgo de alterar el ecosistema marino.

El gran acuífero hallado bajo el océano Atlántico

El acuífero, alojado en los sedimentos del fondo marino, parece ser el mayor de su tipo identificado hasta la fecha: un reservorio de agua dulce situado bajo una masa de agua salada. De acuerdo con un nuevo estudio, se extiende al menos desde la costa de Massachusetts hasta Nueva Jersey y podría contener alrededor de 2.800 kilómetros cúbicos de agua.

Su hallazgo no fue fruto del azar. Ya en la década de 1970, perforaciones realizadas en la plataforma continental en busca de petróleo llegaron a extraer agua dulce de forma inesperada, aunque entonces no se sabía si se trataba de depósitos aislados o de un sistema continuo. Décadas después, el geofísico Kerry Key, de la Universidad de Columbia (Lamont-Doherty), retomó estas investigaciones utilizando técnicas de imagen electromagnética del subsuelo marino, inicialmente aplicadas a la exploración petrolera, para ahora cartografiar posibles reservas de agua dulce en la zona.

Los estudios iniciales indican que este acuífero podría extenderse a lo largo del margen continental de la costa este de Estados Unidos, desde Nueva Jersey hasta Maine, conectando distintas capas geológicas porosas. Además, las mediciones realizadas muestran una salinidad muy baja, en torno a 1 gramo por litro, lo que confirma que se trata de agua dulce o ligeramente salobre, aunque no se descarta que su extensión real sea incluso mayor de lo estimado.

Para entender la hipótesis más aceptada sobre el origen de los acuíferos de agua dulce bajo el océano, es necesario retroceder hasta el final de la última glaciación, hace aproximadamente entre 15.000 y 20.000 años. En aquel periodo, gran parte del agua dulce del planeta estaba retenida en forma de hielo. En América del Norte, estas capas glaciares llegaron a cubrir zonas que hoy corresponden al norte de Nueva Jersey, Long Island y parte de la costa de Nueva Inglaterra.

Como consecuencia, el nivel del mar era mucho más bajo y quedaban expuestas amplias zonas de la plataforma continental que actualmente están sumergidas. Con el progresivo calentamiento del clima y el deshielo, el agua resultante alimentó grandes sistemas de drenaje y deltas fluviales en esas áreas, quedando parte de esa agua dulce atrapada en sedimentos, lo que dio lugar a bolsas subterráneas que posteriormente quedaron bajo el fondo marino.

Otra teoría complementaria sostiene que el acuífero también podría alimentarse en la actualidad mediante la escorrentía desde tierra firme. Según esta hipótesis, la lluvia y otras fuentes de agua se infiltran en el suelo y se desplazan a través de los sedimentos hacia el mar, impulsadas en parte por los ciclos de las mareas. Esta idea se apoya en la observación de que el agua es más dulce cerca de la costa y se vuelve progresivamente más salina a medida que se aleja, lo que sugiere una mezcla gradual con el agua oceánica.

La posible explotación de este recurso presenta numerosos desafíos, ya que implicaría afrontar elevados costes de perforación y bombeo en el fondo marino, así como el desarrollo de infraestructuras complejas en entornos oceánicos. A ello se suma el riesgo de intrusión de agua salada durante la extracción, el posible impacto sobre los ecosistemas marinos y la incertidumbre sobre la capacidad de recarga del acuífero.

«Sabíamos que había agua dulce allí en lugares aislados, pero no sabíamos la extensión ni la geometría», dijo la autora principal, Chloe Gustafson, candidato a doctorado en el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia. «Podría llegar a ser un recurso importante en otras partes del mundo».

Este hallazgo sugiere que podrían existir reservas similares en otras zonas costeras. En este contexto, los geólogos ya están ampliando sus investigaciones mediante tecnologías geofísicas avanzadas en regiones de África y Australia. Este avance podría transformar la forma en que se entiende la disponibilidad de agua potable a nivel global, al ampliar las opciones de gestión hídrica en un escenario de creciente escasez a nivel global.

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