Canadá va cada vez más en serio: quiere calentar sus edificios con el agua que lleva 60 años atrapada en las minas de carbón
Un laboratorio de EE.UU. usa residuos del carbón para producir grafito
Casi nadie lo sabe pero España tiene la clave para desbancar a China
Quieren convertir unas minas de carbón abandonadas en España en una batería
Cumberland es un pueblo del noroeste de Canadá que durante 80 años vivió del carbón. Allí, (valga la redundancia) las minas de carbón produjeron aproximadamente 16 millones de toneladas de carbón bituminoso entre 1888 y finales de los años sesenta, cuando las últimas explotaciones cerraron. Los túneles que quedaron se fueron inundando y permanecieron así, olvidados.
Ahora ese mismo subsuelo es el protagonista de un proyecto de energía limpia que ha llamado la atención de investigadores y planificadores urbanos. El agua acumulada en esos túneles durante 60 años guarda, sin que nadie lo hubiera aprovechado hasta ahora, un potencial térmico que podría calentar y enfriar edificios enteros con emisiones prácticamente nulas.
Pasa en Canadá: están convirtiendo sus antiguas minas de carbón en una red de calefacción sin emisiones
La propuesta es parte del Cumberland District Energy Project, una iniciativa liderada por el programa Accelerating Community Energy Transformation (ACET) de la Universidad de Victoria (UVic) junto al Cascade Institute.
El plan, publicado por la revista ScienceDaily este mes de mayo, contempla conectar el sistema geotérmico a un precinto cívico formado por el centro comunitario, las oficinas municipales y un bloque de vivienda asequible. También se estudia ampliar la red a una zona industrial cercana al lago Comox.
Zachary Gould, planificador de energía comunitaria y líder del proyecto en ACET, y Emily Smejkal, especialista en energía geotérmica del Cascade Institute, son los principales investigadores detrás de la iniciativa. Ambos trabajan junto al geólogo local Cory MacNeill, que ha completado el mapeo geológico de los túneles para estimar la capacidad energética real del sistema.
La elección de los edificios piloto no es casual. El precinto cívico se encuentra precisamente sobre los antiguos terrenos mineros, lo que reduce al mínimo la distancia entre la fuente de calor y los edificios que se quieren abastecer.
Así funciona: el agua de las minas de carbón como intercambiador de calor
El principio de funcionamiento es, en palabras de Emily Smejkal, «técnicamente un intercambiador de calor geotérmico de gran escala».
El agua acumulada en los túneles subterráneos mantiene una temperatura mucho más estable que el aire exterior: más fría que la superficie en verano y más cálida en invierno. Esa diferencia de temperatura es la que se aprovecha para climatizar los edificios.
El sistema utiliza bombas de calor conectadas a circuitos cerrados de intercambio geotérmico. En invierno, las bombas extraen el calor del agua subterránea y lo distribuyen hacia los edificios.
En verano, el proceso se invierte: el calor del interior de los edificios se transfiere al agua de las minas, que actúa como sumidero térmico. El resultado es calefacción y refrigeración con emisiones muy cercanas a cero y un consumo de energía mucho menor que el de los sistemas convencionales.
La red de túneles discurre bajo buena parte del pueblo, lo que en teoría permitiría conectar no solo los edificios públicos, sino también viviendas particulares e instalaciones industriales en el futuro.
Un modelo para otras comunidades que dejaron atrás el carbón
Desde luego, Cumberland no está sola. Proyectos similares funcionan ya en Nanaimo (también en Columbia Británica) y en Springhill, Nueva Escocia, otro pueblo con historia minera que lleva años explorando el potencial térmico de sus galerías inundadas. La tendencia empieza a ganar masa crítica en Canadá, y el interés fuera del país también crece.
A su vez, el flamante modelo tiene un atractivo que va más allá de la energía. Para pueblos como Cumberland, que rechazaron en 2011 una propuesta de nueva mina de carbón, el proyecto supone una manera de transformar el legado extractivo en algo positivo sin renunciar a la identidad local.
Las mismas minas de carbón que durante décadas definieron la economía y la vida de la comunidad podrían convertirse en la infraestructura energética del siglo XXI.
Y para concluir, los beneficios económicos proyectados apuntan en esa misma dirección: reducción de costes energéticos para los edificios públicos, atracción de industrias que requieren calor o frío (invernaderos, procesadores de alimentos), creación de empleo local y generación de nuevos ingresos fiscales para el municipio.
Todo ello con la red de túneles que ya existe bajo el suelo, sin excavar ni un centímetro más.
Lo último en Ciencia
-
Adiós a la basura espacial: investigadores coreanos desarrollan una tecnología de bajo coste para atrapar residuos en órbita
-
¿Por qué la madera hace ruido por la noche? La ciencia revela el secreto detrás de los crujidos que se escuchan desde dentro de las casas
-
Albricias en la comunidad astronómica: encuentran por primera vez una posible ‘Luna’ fuera del sistema solar a 73 años luz de la Tierra
-
El mayor descubrimiento en Europa en décadas: hallan un yacimiento de tierras raras valorado en 64.000 millones
-
La IA se pone al servicio de la agroalimentación: un algoritmo español reduce el desperdicio prediciendo la vida útil de los alimentos
Últimas noticias
-
Última hora de la entrada de inmigrantes a Ceuta, en directo hoy: situación en la frontera de Marruecos con España y medidas del Gobierno
-
Sánchez vuelve a reírse de los españoles: cuelga un vídeo en Instagram recomendando canciones para el verano en plena invasión de Ceuta
-
TVE justifica la invasión de Ceuta desde Marruecos: «Para muchos es la única vía de escape hacia un futuro mejor»
-
Feijóo carga desde Ceuta contra Sánchez por la invasión migratoria: «El Gobierno lo sabía y no hizo nada»
-
No es especie invasora en toda España, pero los agricultores valencianos lo cazan porque les destruye los árboles y provoca pérdidas de hasta 6.000 €