La universidad balear pregunta a sus estudiantes si están de acuerdo en hacer un referéndum en Cataluña
Los alumnos también son interrogados por su condición sexual y todo ello sin preservar el anonimato del cuestionario
La Universitat de les Illes Balears (UIB) interroga a sus estudiantes sobre el referéndum de independencia de Cataluña y su identidad más íntima. Lo que, en apariencia, debía ser una encuesta académica, ha terminado convertida —según denuncian alumnos y asociaciones estudiantiles— en «una intromisión sin precedentes en la esfera política y personal» de cientos de jóvenes.
En el centro de la polémica se encuentra una pregunta directa y explosiva:
«La mejor manera de resolver el problema entre Cataluña y España es que se celebre un referéndum pactado y plenamente legal sobre la independencia de Cataluña en el que los catalanes decidan si quieren o no seguir formando parte de España. ¿Estás de acuerdo?».
Lo que debería ser un ejercicio académico rutinario se ha convertido, según denuncian varios alumnos, en una inquietante intromisión en su esfera más íntima y política. La Universitat de les Illes Balears (UIB) ha puesto en marcha una encuesta de obligada realización en la que pregunta directamente a sus estudiantes por cuestiones que afectan a convicciones ideológicas profundas y posicionamientos políticos sensibles.
El procedimiento técnico de la encuesta ha despertado gran alarma. Para poder participar, los estudiantes deben introducir un código y su correo electrónico institucional, es decir, no se trata de un formulario anónimo al uso. La dirección dispone de los datos de quién ha contestado y, potencialmente, puede vincular respuestas concretas a identidades específicas.
Aunque antes de iniciar el cuestionario se informó a los alumnos de que el contenido de las respuestas podrá ser publicado, pero mantendrán el anonimato, la realidad técnica de recoger correos electrónicos y códigos personalizados genera dudas razonables.
«¿Cómo se garantiza, en la práctica, que no exista trazabilidad? ¿Quién custodia los datos personales? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Con qué finalidad exacta?», se preguntan varios estudiantes en foros internos. En un contexto donde la protección de datos personales es una exigencia legal y ética, la percepción de que la intimidad política pueda quedar expuesta resulta profundamente inquietante.
Otra controvertida pregunta es aquella a la que hace alusión: «Las personas se ven a sí mismas de muchas maneras diferentes. Usando la lista. ¿Cuál de estos grupos le describe mejor? Tómese un momento para ver todos los términos de la lista?» A continuación, el formulario enumera categorías que abarcan identidad nacional, étnica, religiosa y orientación sexual: español, catalán, vasco, gallego, mallorquín, otra minoría étnica, ateos, judíos, musulmanes, cristianos, otro grupo religioso, heterosexual, lesbiana, homosexual, bisexual.
Para algunos alumnos, esta enumeración supone «una radiografía innecesaria de aspectos profundamente personales». Otros se preguntan si la obligatoriedad de la participación vulnera el principio de voluntariedad que debería regir cualquier estudio que afecte a creencias religiosas, identidad cultural u orientación sexual.
«No se trata de cuestionar la libertad académica ni la investigación social», señalan voces críticas. «Las universidades son, o deberían ser, espacios de debate plural y análisis crítico. Pero precisamente por ello están obligadas a extremar las garantías cuando se adentran en terrenos tan delicados como la intención de voto o las actitudes frente a la inmigración. Más aún cuando la participación no es voluntaria».
OKBALEARES ha destapado lo que califica como «un escándalo mayúsculo» por la supuesta intromisión en la vida privada y en los derechos fundamentales de los estudiantes.
Mientras tanto, la controversia sigue creciendo. ¿Se trata de una legítima investigación sociológica en el ámbito universitario o de un cuestionario que traspasa líneas rojas? ¿Está suficientemente blindada la confidencialidad de los datos o existe un riesgo real de identificación?
La comunidad académica se encuentra ahora ante un debate incómodo: hasta qué punto una institución pública puede —y debe— preguntar sobre ideología, identidad y orientación personal cuando la sombra de la trazabilidad planea sobre cada respuesta.
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