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CRÍTICA

The Rest Project: no hay silencio absoluto si hay vida

El patio de Can Vivot acogió el debut en Palma de este trío de cuerdas formado en Barcelona en 2023

El 27 de junio asistimos en el patio de Can Vivot al debut en Palma del trío de cuerdas The Rest Project, formado en Barcelona en el año 2023 a partir de la idea de fusionar la música clásica y contemporánea con otras disciplinas como el texto y el movimiento. Se presentaban en Palma bajo el paraguas de la sexta edición de FestMusic Mallorca y la idea era darnos a conocer su reciente trabajo, The Rest is Silence, donde exploran la pausa, el silencio y la intensidad expresiva de la música de cámara.

El punto de partida, poner en valor las variaciones canónicas de J. S. Bach, que forman parte de su célebre Ofrenda Musical (1747), algunas de ellas ya intercaladas en las Variaciones Goldberg, que compuso en 1741. Otra parte destacada de esta suerte de suite era establecerse un diálogo activo con piezas de los siglos XX y XXI, lo cual sobre el papel podría implicar una temeridad, en el sentido de imprudencia excesiva, hasta descubrir la evidencia de situarnos ante un trabajo extremadamente meditado, muy bien construido, para darle todo el sentido al encabezado: The Rest is Silence.

La primera llamada de atención es que, tratándose de un trío de cuerda, se le daba en la obertura absoluto protagonismo a la viola –por regla general por debajo del liderazgo del violín–, recurriendo, entonces, a Sonata para viola sola–Hora Lunga, compuesta en 1994 por el húngaro György Ligeti, acto seguido conectada sin interrupción con esa proeza contrapuntística Canon a 2 Cancrizans, el conocido como canon cangrejo que forma parte de la Ofrenda Musical. A partir de entonces asistiremos a un intercalado que no cesa, entre pequeños fragmentos contemporáneos y los cánones explorados por Bach en la primera mitad del siglo XVIII.

De inmediato va a entrar en juego el leitmotiv de la velada –The Rest is Silence– con la voz profunda del violoncelo interpretando el quinto movimiento de la Sonata para violín y violoncelo (1981) de Sofiya Gubaidúlina, de gran espiritualidad y que se conoce asimismo como «Escucha la voz suave y quieta».

La magia de este recopilatorio, largamente meditado, se va a prolongar con Az Hit, una obra del húngaro –este 2026 centenario– Gyorgy Kurtág, que en origen era para soprano y piano, compuesta a mediados de los años 60, y posteriormente transcrita para cello en 1998 y formando parte del proyecto de cámara Señales, juegos y mensajes. Decía al comienzo que la prioridad del trío de cuerda The Rest Project en este proyecto era explorar el silencio, la pausa… pero también la intensidad expresiva de la música de cámara.

Y de ahí, en efecto, la necesidad de incluir acto seguido Allegro con fuoco, el tercer movimiento del Concierto para violoncelo nº 1 (1864) de Anton Rubinstein, solo que según fuera interpretado el 2003 por Alban Gerhardt, quien mira por dónde el 8 de agosto estará en el 65 Festival de Pollença a las órdenes de Patrick Hahn y secundado por nuestra Sinfónica para darle vida al Concierto para violoncelo de Edward Elgar. Es la excelencia de un gran solista, dispuesta como referente en uno de los pasajes de The Rest is Silence, todo él un repertorio profundamente reflexivo y cadencioso.

Otros nombres propios citados en el desarrollo de esta peculiar suite eran los de Webern, Penderecki o Stravinsky. Aunque el momento final llenó de sentido la propuesta, al enfrentarnos directamente… ¿al silencio? a través de la curiosa pieza de John Cage, 4’33 (1952). El origen debe buscarse en la experiencia del propio Cage al entrar en la cámara anecoica (sin ecos) de la Universidad de Harvard. No obstante, Cage acertó a escuchar señales de su propio cuerpo y decidió acudir a 4’33 para demostrar que el silencio en un sentido absoluto no existe mientras estemos vivos. Instante incómodo al enfrentarnos al vacío existencial –esto es lo que intuyo– que desembocará en una fuga a tres voces Ricercar, el inicio mismo de la Ofrenda Musical.

Los tres pisando con los pies desnudos, los tres moviéndose casi al ralentí y los tres desafiando con su depurada técnica el entendimiento casi imposible entre los cánones de Bach y las músicas a partir del año 1908 al producirse la ruptura de las reglas de la composición, liderada por Arnold Schönberg, una vez eliminado el sistema tonal. Diríase que el mensaje último es que en momentos de gran desolación y confusión, si nos dejamos llevar por sendas de reflexión, es posible encontrar diálogos que nos parecían inalcanzables.