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¿De qué lado está el ministro Marlaska?

El consumo de drogas provoca graves daños por su impacto en la salud pública, la seguridad ciudadana y la estabilidad económica. Provoca riesgos inmediatos y enfermedades crónicas, deterioro social, familiar y en muchos casos está relacionado con la delincuencia y violencia.  

En la Estrategia de Seguridad Nacional española, el narcotráfico se evalúa como una amenaza grave y de alto impacto por estar relacionada con el crimen organizado y la delincuencia. Esto puede desestabilizar y corromper gobiernos; algo nos suena, ¿verdad?  

En el imprescindible combate contra el narcotráfico, las principales instituciones que intervienen son la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Servicio de Vigilancia Aduanera, Fuerzas Armadas, Policías autonómicas y  locales y la Fiscalía Especial Antidroga, con diferentes organismos de coordinación y apoyo.  

La Guardia Civil desempeña un papel fundamental en la lucha contra el narcotráfico, actuando como destacada vanguardia en la represión del contrabando y el tráfico de drogas, especialmente en las zonas costeras y fronterizas. Sus cometidos principales incluyen la investigación, persecución y desarticulación de organizaciones criminales.  

Se supone que ante este importantísimo cometido el ministro del Interior y el presidente del Gobierno deberían dar el necesario apoyo; pero la realidad nos muestra que ni uno ni el otro quieren acabar con esta gravísima amenaza. Estamos hablando de seguridad nacional y de un enemigo al que hay que combatir.  

Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no son la prioridad del fundador del corrupto sanchismo ni de su mano derecha, actual ministro del Interior. Falta de voluntad política y un claro abandono a estos héroes que se juegan la vida cada día contra mafias de narcotraficantes en la costa, en la frontera y en nuestro país. Increíble pero cierto, por no molestarse, ni les dan el equipo necesario; desmontan una unidad de élite contra el narcotráfico integrada por 130 agentes especializados en la lucha contra el tráfico de  drogas y actividades ligadas a ella como el blanqueo de capitales, el crimen organizado y la corrupción.  ¿Tenían miedo de que al igual la UCO sacara pruebas de complicidades? Ahora ni se molestan en ir a los funerales de estos valientes fallecidos en acto de servicio, ni se les declara profesión de riesgo.  

Supongo que ustedes se preguntan cómo es posible que pase esto. La respuesta es sencilla: van a lo suyo sin importarles las vidas del Covid-19, de la DANA de octubre 2024, del apagón de abril 2025, de los incendios forestales de agosto 2025 y de los muertos de Adamuz de enero de 2026 por el deficiente mantenimiento de las vías de los trenes de alta velocidad. Podemos leer en redes que la reducción semántica de un acto de violencia criminal a la categoría de «accidente laboral» no es un error de comunicación, sino una maniobra para desvirtuar la desprotección de los agentes y mantener el miserable relato gubernamental de que la culpa es de otros.  

La falta de apoyo del ministro y del presidente del Gobierno a los guardias civiles fallecidos en la lucha contra los narcos y sus lanchas pone de relieve su desprecio con estos leales servidores del Estado. Lo suyo es poner una corbeta de la Armada para proteger la flotilla de extremistas propalestinos, embarcados para no hacer otra cosa que publicidad y trasladar el odio a un país que se defiende del peor ataque terrorista de su historia. No podemos olvidar la complicidad de Rodríguez Zapatero y de Pedro Sánchez con los  narcoestados, uno como embajador y recaudador de fondos y el segundo, capaz de todo para estar un día más en la Moncloa.  

Lo que necesitan la Guardia Civil y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es que se les proporcionen los medios suficientes para mantener la ley y el orden, darles las adecuadas reglas de enfrentamiento para poder combatir los grupos del crimen organizado y la delincuencia violenta. No se puede seguir este corrupto y necio buenismo que protege al delincuente, al okupa y a los ilegales que de forma masiva nos invaden.

La respuesta a la pregunta ¿de qué lado está el ministro? es fácil, del peor lado. Es decir, a lo que mande el presidente del sanchismo, acompañado por una corrupción insostenible y permanente, con la mentira como motor del discurso oficial y con el desmembramiento del Estado que pone en riesgo nuestra supervivencia como nación.  

Me parece que tenemos claro que el mejor escudo social para los sufridos ciudadanos españoles consiste en protegernos de este Gobierno sanchista de corte comunista que desde el año 2018 nos ha demostrado que, como mafia política, no tiene rival. Hay que exigir elecciones generales de forma inmediata; de lo contrario, impondrán definitivamente este régimen bolivariano.