Atlántida Film Festival: un soplo de magia y cine en Palma
El domingo pasado Palma se vistió de gala para dar la bienvenida a la decimotercera edición del Atlántida Film Festival, una cita ya imprescindible en el calendario cultural internacional, que año tras año reivindica el cine independiente y el talento emergente con una sensibilidad única. Bajo la cúpula luminosa de las estrellas brillando sobre el patio de la Misericordia, la ciudad respiró la emoción contenida de los amantes del séptimo arte, la expectación de los cineastas y la elegancia silenciosa de una industria que se sabe en tránsito hacia nuevos horizontes.
La ceremonia inaugural fue un acto medido, donde cada instante parecía coreografiado con la precisión de un plano secuencia. Abrió la noche el discurso del director artístico, que con voz pausada, invitó a los asistentes a sumergirse en esta travesía de emociones, historias y miradas singulares. La selección oficial, presentada con imágenes en movimiento que se deslizaban como recuerdos en una pantalla gigante, dejó entrever la diversidad temática y geográfica que ha hecho del Atlántida un festival de referencia.
No faltaron los guiños a la sostenibilidad y a la revolución tecnológica que redefine el lenguaje cinematográfico, con una sala repleta de profesionales y espectadores dispuestos a aplaudir el cine como una herramienta de cambio y reflexión. Entre el público, rostros conocidos y emergentes, todos atentos al murmullo vibrante que solo se escucha cuando el cine cobra vida más allá de la pantalla.
La noche cerró con la proyección de la película inaugural, un título elegido con mimo, que brilló no sólo por su calidad sino por su capacidad para conectar con el presente y el futuro del arte audiovisual. Con aplausos que resonaron más allá del Palau, la edición 2025 de Atlántida se presenta como un faro que ilumina la transformación del cine en una era donde contar historias nunca había sido tan urgente y necesario.
Y cuando cayó la noche, con el murmullo suave de las conversaciones cruzadas, el festival volvió a demostrar por qué Palma es mucho más que sol y mar. Es también, y cada vez más, una capital cultural europea con voz propia.
Hay que hablar ahora de Jaime Ripoll, el caballero invisible que lo ve todo.
Hay personas que no necesitan alzar la voz para estar en el centro de todo. Jaime Ripoll es una de ellas. Lo encontré -o mejor dicho, lo adiviné- hace muchos años excitado, ligero, atento, como si llevara dentro un proyector antiguo que ya ha visto la película antes de que empiece.
Ripoll, cofundador de Filmin, ese oasis para los que todavía creemos en la inteligencia emocional del buen cine, no necesita focos. Él los pone. Y lo hace con esa elegancia moderna, sin estridencias, de quien sabe que la cultura de verdad no se grita: se insinúa. Jaime es discreto, pero no pasa desapercibido. Tiene esa mirada afilada del que ha leído demasiado, ha viajado justo lo necesario y ha aprendido a escuchar. Y, por supuesto, siempre parece estar cinco segundos por delante del presente.
Su presencia en Palma, su ciudad pero una ciudad que lo recibe con naturalidad y gratitud, es ya casi una tradición silenciosa. No hay Atlántida sin Ripoll, como no hay verano sin noches en el CineCiutat, ni sin ese rumor de conversaciones que se dan en los márgenes de las proyecciones, donde los verdaderos artistas hablan sin decirlo todo.
Lo vieron hablando brevemente con un joven director búlgaro que venía nervioso. Jaime lo escuchaba con atención genuina, con esa manera suya de asentir como si ya supiera lo que ese chico será dentro de cinco años. No le hace falta presidir la escena. Su gesto más repetido es ceder el espacio y, sin embargo, todo gira en torno a él. Un caballero contemporáneo. Un flâneur digital. Un dandi con streaming en las venas.
En una Palma que a veces parece querer ser menos de lo que es, Jaime Ripoll viene a recordarnos que ser auténtico -y apostar por lo auténtico- sigue siendo un acto profundamente revolucionario. Y también elegante. Y sobre todo un must imprescindible.
El cine ha sido el protagonista de la ceremonia de apertura de un festival que se prolongará hasta el 3 de agosto, cuando la reina Letizia presidirá la gala final en la que se entregará otro galardón Master of Cinema, en este caso al compositor Alberto Iglesias.
Este pasado domingo, Sorogoyen recibió el premio de la mano del actor Luis Zahera, quien ha participado en las películas del director madrileño Que Dios nos perdone, El reino y As bestas. En Palma, en verano, regalando cultura a la ciudad que opta a ser capital cultura y que todos apoyamos.
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