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PRIMERA LÍNEA

Alianzas de la moderación nunca conseguidas en Baleares

Era del todo previsible, así que el resultado de las elecciones en Andalucía solamente ha servido para reeditar los argumentos de siempre de cara a los comicios de 2027, replicando, cada uno a su manera, la viabilidad del mapa político que se avecina en Baleares y que no será muy distinto a lo ocurrido en las cuatro convocatorias desde diciembre pasado hasta el domingo 17 de mayo: nada de mayorías absolutas y voto del centroderecha la tendencia.

Después de ocho años de sanchismo, que aquí en Baleares son doce porque el Pacte de Progrés comenzó en 2015, siendo además, siempre, referente del sanchismo en grado sumo, era inevitable eso que llaman derechización del electorado. No tengo la menor duda de que el término se emplea en sentido negativo, pues vincula torticeramente derechización con poner en peligro el estado del bienestar, lo cual no es cierto, pero sí le va de cine al relato de la izquierda, que, como sabido es, en España, es sinónimo de extrême gauche.

El muro levantado por el autócrata Pedro Sánchez enrarece todavía más la situación, puesto que es inviable a fecha de hoy una alianza PSOE-PP para alejar del poder a la «extrema derecha», es decir, Vox. Lo que en Baleares es  evidente, pues el PSIB armengolista es sinónimo del PSOE sanchista

No me canso de repetir que Vox no es un partido de extrema derecha según dicta la corrección política woke que impera en la escena europea. Es un partido conservador como reacción natural al hundimiento del pensamiento socialdemócrata en el sur de Europa y tambaleándose en el norte europeo. Lo que sí ha sido Vox-Baleares en esta legislatura es la casa de los líos. Un asunto, en absoluto menor, para la estabilidad de un gobierno autonómico.

¿Por qué la corrección política woke en Europa llama extrema derecha a la irrupción repentina del pensamiento conservador traducido en votos? La razón es bien sencilla. Porque le hacen frente al relato de la izquierda y lo hacen reivindicando valores firmes frente a la ambigüedad de la izquierda, woke toda ella hoy en día.

Precisamente, es a partir de aquí donde flojea el centroderecha que representa el Partido Popular. Vox, en origen, fue una llamada de atención desde dentro del PP a la actitud pusilánime de Mariano Rajoy, tan incapaz en un momento crítico de tener el coraje para defender a capa y espada unos principios que había empezado a deconstruir el mentor de Sánchez, el hoy imputado José Luis Rodríguez Zapatero. Eso fue lo que hizo a Vox, en origen, un partido liberal, estandarte hoy desaparecido. 

He escuchado a militantes socialistas críticos con el sanchismo recomendar que el PSOE vuelva a la senda socialdemócrata y pacte con el PP para darle frenazo a la ascensión de Vox; imposible metafísico ante el muro levantado por Pedro Sánchez, y seguido con cerril docilidad por su legión de escaños paniaguados (incluidos los de Baleares) conscientes de que hace mucho frío al margen del yugo que les ata al «puto amo».

Aquí en Baleares, la insistencia del PSIB-PSOE de frenar a Vox inspira al portavoz, Sebastià Sagrera, para decirles que «si queréis que Vox no tenga incidencia en Baleares, votad con el PP», perfectamente consciente, Sagreras, de que no ocurrirá, aunque bien le gustaría que ocurriera, porque, en el fondo, también piensa que Vox está en la extrema derecha; ignorando que ellos encarnan la voz que les susurra al oído haber dejado en el camino los valores que definen a la democracia cristiana de la que reniegan, por haber asumido el relato de la izquierda.

En esas, algo más crecido, Sagreras sentencia: «El único voto que garantiza estabilidad, tranquilidad y moderación es el PP». Paralelamente, Manuela Cañadas, portavoz de Vox, nos recuerda que «en las Baleares seguiremos el mismo camino para crecer», fiándolo a que pasará igual que en Aragón, en Extremadura, en Castilla y León y Andalucía. La casa de los líos funciona así. Pero, mira por dónde, la prensa local apesebrada llevaba un titular muy oportuno: El talante tranquilo en Andalucía no consigue los 55 escaños.

Confío en que Marga Prohens gane las elecciones el año próximo, pues de lo contrario, la recesión en Baleares empezaría a ser muy preocupante. La impertinencia recurrente será que tendrá que negociar con los de la casa de los líos, salvo que Gabriel Le Senne y Fulgencio Coll pongan orden en sus filas, que ya va siendo hora. El destierro de la izquierda en Baleares, vía las urnas, es un imperativo improrrogable. Lo desean las gentes de bien, con el permiso de mis queridos 156.000 votantes socialistas de Baleares.

En definitiva, PP y Vox están condenados a entenderse, mientras el PSIB-PSOE se muestre incapaz de editar unas alianzas desde la moderación.