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4.500 euros el viaje en patera: así actúan las mafias de la inmigración ilegal en la ruta Argelia-Baleares

Argelia se consolida como el centro neurálgico de las redes que operan como "agencias de viajes" de la ilegalidad

Las mafias de la inmigración ilegal en la ruta Argelia-Baleares llevan años asentadas y operando casi con total impunidad. No hay semana en la que no lleguen pateras a las Islas repletas de personas procedentes del norte de África, pero lo que no se sabe con tanto detalle es todo el negocio que se esconde detrás de este fenómeno.

Y es que Argelia se ha convertido en el centro neurálgico de un sinfín de organizaciones criminales que operan, en la práctica, como auténticas agencias de viajes de la ilegalidad. Su capacidad logística quedó demostrada en 2025, un año que pulverizó todos los registros históricos al constatarse la llegada de 5.909 personas a los litorales baleares, hacinadas en embarcaciones desprovistas de cualquier medida de seguridad o garantía de supervivencia.

Mientras los grandes cerebros de estas redes logran escabullirse de la justicia en la clandestinidad, el eslabón más expuesto, que son los encargados de patronear los botes, suele correr peor suerte.

El engranaje criminal cobra por adelantado. En el caso que llega ahora a los juzgados, la organización asentada en el país magrebí exigió a cada uno de los pasajeros la suma de 4.500 euros en efectivo para poder subir a bordo. Un negocio redondo para la mafia, pero un viaje a vida o muerte para los tripulantes.

El próximo viernes 22 de mayo, a las 09:30 horas, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Palma acogerá el reflejo judicial de esta realidad. En el banquillo de los acusados se sentará el varón que pilotó una patera interceptada el 19 de julio de 2024 en la isla de Ibiza, tras haber zarpado de la localidad argelina de Tipaza. La Fiscalía solicita para él una pena de cinco años de prisión por un presunto delito contra los derechos de los ciudadanos extranjeros.

Según el escrito de acusación, en aquel cayuco de apenas cinco metros de eslora viajaban una docena de personas procedentes de Argelia y Palestina. Su única tecnología para sortear el mar era un dispositivo GPS.

Ahora, casi dos años después de aquella travesía, el patrón se sentará en el banquillo de los acusados.