Andalucía
AGRESIÓN SEXUAL

Condenado en Jaén a 4 años de cárcel por violar a una joven en una discoteca: «Tenía los ojos en blanco»

"La víctima se encontraba en tal estado que no era capaz de articular palabra y menos aún de prestar un consentimiento al mantenimiento de una relación sexual completa"

La Sección Tercera de la Audiencia de Jaén ha impuesto una pena de cuatro años de prisión a un hombre de 30 años por violar a una joven en el baño de una discoteca de la ciudad. Los hechos ocurrieron cuando la víctima se encontraba inconsciente debido al consumo de alcohol.

Además de la condena de cárcel, la resolución judicial establece que el condenado no podrá acercarse ni comunicarse con la víctima durante un periodo de nueve años, y deberá cumplir cinco años de libertad vigilada. Asimismo, en concepto de responsabilidad civil, tendrá que abonar una indemnización de 15.000 euros a la joven por los perjuicios morales sufridos. La sentencia, sin embargo, lo absuelve del delito leve de lesiones del que también estaba acusado.

El tribunal entiende que no se ha acreditado la existencia de consentimiento por parte de la víctima a la realización de los actos sexuales. «La víctima se encontraba en tal estado que no era capaz de articular palabra y menos aún de prestar un consentimiento al mantenimiento de una relación sexual completa», señala la sentencia.

«Yo no la agredí»

No obstante, el tribunal apunta a que, aunque se admitiera como cierta la versión dada por el acusado de que sí se produjo un consentimiento expreso, dicho consentimiento «no sería válido, puesto que la víctima se encontraba con sus facultades intelectivas y volitivas seriamente mermadas».

Durante el juicio celebrado el pasado mes de febrero, el acusado declaró que conoció a la joven esa misma noche y que tras bailar y besarse con ella decidieron ir al baño para mantener relaciones. «Fue decisión propia de los dos lo de irnos al baño», dijo el acusado, que también mantuvo que, en el momento de ir al baño, la chica «se encontraba normal» y estaba «perfectamente».

Según su versión, fue ya en el baño cuando se dio cuenta al verle la cara que se encontraba mal, por lo que decidió parar. «Yo no la agredí para forzarla ni nada», declaró ante el tribunal. «No tengo necesidad de tener relaciones con nadie estando borracha», argumentó.

Sin embargo, el tribunal se basa en las grabaciones de las cámaras de seguridad donde puede «observarse perfectamente» que la joven se encontraba «tambaleante y desorientada, llegando a caer al suelo». A ello se le suma el testimonio de la encargada del ropero, que fue la que llamó a seguridad tras comprobar que la chica no iba bien y que era conducida por el acusado al interior del baño.

La joven declaró en el juicio que de esa noche sólo se acordaba de que su amiga le presentó al acusado y que bebió de la copa que él le ofreció. La siguiente imagen que tiene es la de despertarse en el hospital y sólo poder articular palabras sueltas.

«No recuerdo nada, no tengo conciencia de lo que pasó», afirmó la joven, que detalló que se enteró de lo ocurrido porque después se lo contaron en el hospital. En la actualidad, se encuentra bajo tratamiento psicológico.

Fue la encargada del ropero de la discoteca la que el 20 de noviembre de 2022, sobre las 6:35 horas, avisó al personal de seguridad tras ver cómo una joven era conducida al baño por el acusado cuando se veía que ella «no iba bien».

«Me llamó la atención el estado en que iba. No iba consciente de lo que iba a hacer. Iba balanceándose, tropezando y la iban dirigiendo al baño, pero ella no sabía dónde iba», apuntó la persona encargada del ropero en su declaración como testigo durante el juicio.

Los de seguridad de la discoteca llamaron repetidamente a la puerta del baño para que salieran, pero la joven ya estaba en el suelo inconsciente, taponando la puerta con su cuerpo.

El jefe de seguridad logró entreabrir la puerta y ver a la joven «inconsciente, con los ojos en blanco y totalmente ida». Como no abrían la puerta, finalmente llamaron a la Policía Nacional y a los servicios sanitarios.

El acusado mantuvo que no abrió porque no se escuchaba con la música, aunque el jefe de seguridad ha apuntado que «casi tiro la puerta, imposible no oírlo».

El forense que la reconoció en el hospital señaló que cuando él llegó sobre las 8:00 horas, la joven permanecía en un estado de «inconsciencia o semiinconsciencia y con la voluntad totalmente alterada». Los análisis de sangre y orina practicados apuntaron a que la joven se encontraba bajo los efectos del alcohol con 1,05 gramos de alcohol por litro de sangre y no encontraron restos de otras drogas.

Por estos hechos, el Ministerio Fiscal y la acusación particular reclamaron para el acusado nueve años de prisión por un delito de agresión sexual, pena que finalmente ha quedado fijada en cuatro años. Desde la defensa se ha venido abogando por la libre absolución por entender que las relaciones fueron consentidas por ambas partes.

La sentencia no es firme y se puede recurrir en apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA).