Uno de los bosques más protegidos y frágiles de España solo pueden visitarlo 250 personas al año
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En el litoral catalán, entre el corredor aéreo del aeropuerto de Barcelona y la línea de playa, existe una pineda mediterránea sobre dunas que los expertos consideran uno de los bosques más protegidos y frágiles de España. Su estado de conservación es extraordinario, y precisamente por eso las puertas permanecen cerradas prácticamente todo el año.
El bosque está en El Prat de Llobregat, dentro del espacio natural del Delta del Llobregat. No es un paraje remoto ni de acceso geográfico complicado. Lo que lo convierte en un destino casi inaccesible es la política de visitas que lleva décadas protegiéndolo de la presión humana.
¿Cuál es considerado uno de los bosques más protegidos y frágiles de España?
La zona protegida que nos compete en esta ocasión es la pineda de Can Camins. El Ayuntamiento de El Prat de Llobregat organiza visitas guiadas a este frágil bosque el primer domingo de cada mes, excepto en julio y agosto. Y vaya que es exclusivo: cada salida tiene un aforo máximo de 25 personas.
Con solo diez visitas al año, el número total de visitantes permitidos no supera los 250 anuales: una cifra que convierte a esta pineda en uno de los espacios naturales de acceso más restringido de toda España.
Las visitas son gratuitas y duran aproximadamente una hora y media. No existe sistema de reserva. El acceso se concede por orden de llegada al punto de encuentro: el Centro de Información Turística Porta del Delta, en El Prat de Llobregat.
Y aquí hay que correr, o amanecer, porque los primeros 25 visitantes en llegar el domingo por la mañana son los que entran.
¿Por qué la pineda de Can Camins lleva décadas cerrada al público?
La razón es el tipo de ecosistema que alberga. Can Camins conserva una pineda litoral sobre dunas: un bosque que crece en las depresiones formadas por antiguas dunas costeras. Este paisaje, habitual en el litoral mediterráneo español hace siglos, ha desaparecido de casi toda la franja costera peninsular.
El Delta del Llobregat es uno de los humedales costeros más importantes del nordeste peninsular, con kilómetros de marismas, lagunas y playas protegidas. Dentro de ese conjunto, la pineda de Can Camins es el punto de mayor fragilidad y, por tanto, el de acceso más restringido.
La urbanización descontrolada, el turismo masivo y la invasión de especies exóticas han borrado este tipo de ecosistema en gran parte del Mediterráneo.
Recordemos que la pineda de El Prat es un fragmento del litoral tal como era antes de que el hormigón y los paseos marítimos lo transformaran. Un tránsito humano no regulado bastaría para degradar en pocos años lo que ha tardado siglos en formarse.
A su vez, cabe remarcar que los sistemas dunares figuran entre los ecosistemas más frágiles contemplados en la Red Natura 2000. La combinación de presión turística y cambio climático los convierte en uno de los hábitats más amenazados del sur de Europa.
La flora y fauna de uno de los bosques más protegidos y frágiles de España
El dosel arbóreo de Can Camins lo forman pinos piñoneros, especie característica de las costas mediterráneas. Bajo ellos crecen orquídeas silvestres y distintas variedades de hongos que prosperan en el suelo poroso y pobre en nutrientes propio de los sistemas dunares.
Por su parte, la fauna es discreta, pero estable. El pico picapinos es la especie más llamativa del bosque: su presencia indica que el arbolado tiene suficiente madurez como para albergar madera muerta, imprescindible para que este pájaro anide y se alimente. El carbonero común también frecuenta la pineda con regularidad.
¿Cómo se visita la pineda de Can Camins?
Como se mencionó anteriormente, para acceder al bosque hay que presentarse el primer domingo del mes (excepto julio y agosto) a las 11:00 hs. en el Centro de Información Turística Porta del Delta. Sin reserva, sin lista de espera. Y reiteramos: los 25 primeros en llegar son los que entran.
La visita puede combinarse con una ruta en bicicleta por el Delta del Llobregat, que pasa por la desembocadura del río, la playa y la Torre de la Ricarda.
Lo curioso es que Can Camins queda a unos diez minutos pedaleando del aeropuerto de Barcelona. Es decir, uno de los rincones naturales menos pisados de España está, literalmente, a la vuelta de la esquina de una de las infraestructuras más transitadas del país.
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