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Ir a Grecia sin salir de España: así es el pueblo de casitas blancas y techos azules que te va a enamorar

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En España hay multitud de pueblos llenos de encanto, pero algunos destacan tanto que se convierten en auténticas joyas que merecen ser descubiertas. Cada región tiene su propio tesoro, desde pueblos congelados en el tiempo hasta lugares que parecen sacados de un cuento de hadas.

Uno de estos rincones encantadores es un pueblo ubicado en la isla de Menorca, que parece transportarte a las idílicas islas griegas con su arquitectura blanca y sus estrechas calles empedradas. Pero su belleza va más allá de lo superficial, ya que cada te invita a sumergirte en su pasado fascinante y a disfrutar de una atmósfera relajada.

Binibeca Vell, uno de los pueblos más bonitos de España

Binibeca Vell, un tesoro en la isla de Menorca, cautiva con su belleza reminiscente de las islas griegas. Sus casas blancas y calles estrechas evocan la atmósfera tranquila y la historia que impregnan cada rincón de este pueblo. Con techos de terracota y callejones serpenteantes,invita a explorar y descubrir sus encantos ocultos.

A pesar de su tamaño compacto, Binibeca Vell ofrece una experiencia enriquecedora. Los visitantes pueden perderse en sus calles, explorar las tiendas locales y relajarse en los cafés y restaurantes que salpican el pueblo. El encanto se extiende más allá de sus límites, con impresionantes acantilados y aguas cristalinas que sirven como telón de fondo natural. Este pintoresco pueblo costero transporta a sus visitantes a un rincón de Grecia en pleno corazón de las Baleares.

Historia y lugares de interés

Binibeca Vell surgió de la visión de un grupo de promotores que buscaban crear un enclave idílico, atractivo para bohemios, intelectuales y escritores en busca de inspiración. Inspirados por esta idea, se construyeron unas 165 casas, locales y tiendas, con una arquitectura homogénea que destacaba por sus fachadas encaladas en blanco, balcones de madera y baja altura.

Frances Poch Romeu, uno de los pintores más destacados de la zona, quedó cautivado por Binibeca y plasmó su belleza en numerosas obras. El pueblo se fue desarrollando de forma orgánica, adaptándose al terreno y al entorno natural de la zona, sin planos detallados ni especificaciones rigurosas.

En invierno, cuando la localidad queda casi desierta, se realizan labores de mantenimiento y restauración, preparándola para recibir a los visitantes durante la primavera y el verano. A pesar de las críticas sobre su naturaleza turística, quienes lo visitan coinciden en su encanto y singularidad.

Situado a unos ocho kilómetros de Mahón, en la costa sureste de la isla, el pueblo, habitado por unas 200 familias, cautiva con sus calles laberínticas, casas blancas y balcones de madera, evocando la arquitectura de las Islas Griegas. Los puntos de interés incluyen la iglesia de Binibeca, la plaza Mayor y el pintoresco paseo marítimo.

Al finalizar el día, el embarcadero ofrece un lugar tranquilo para disfrutar del atardecer, con las barcas meciéndose suavemente en las aguas del Mediterráneo.

Menorca, una isla que cautiva

Las playas y calas de Menorca son como tesoros escondidos. Desde la familiaridad y comodidad de Cala Galdana hasta la serenidad virgen de Cala Mitjana, cada rincón ofrece una experiencia única para los visitantes.

Cala Galdana, en el sur de la isla, es un paraíso para las familias. Con todos los servicios disponibles, desde hamacas hasta actividades acuáticas, ofrece comodidades modernas en un entorno natural impresionante.

En contraste, Cala Mitjana se presenta como un refugio virgen en el sur de la isla. Rodeada de acantilados y pinares, invita a desconectar por completo y sumergirse en la tranquilidad de la naturaleza.

Cala Turqueta, otra joya del sur de Menorca, compite por el título de la más hermosa. Su distintivo color azul turquesa y su entorno natural la convierten en un destino codiciado.

Más allá de las playas y calas, los pueblos y localidades de Menorca también tienen mucho que ofrecer. Ciutadella, con sus calles medievales y su rica historia, es un destino imprescindible para los amantes de la cultura. Desde el puerto hasta la Catedral de Santa María, cada rincón ofrece una ventana a la historia de la isla.

Mahón, la capital de Menorca, no se queda atrás en encanto y belleza. Con su puerto natural y su casco histórico, invita a los visitantes a explorar sus calles llenas de vida y color. Desde el Teatro Principal hasta la fortaleza de Isabel II, cada lugar cuenta una historia única y fascinante.

Finalmente, Fornells destaca por su bahía natural y su ambiente marinero, ofrece una experiencia única para los amantes de la buena comida y el buen ambiente. Desde el Castillo de San Antonio hasta la Torre de Fornells, cada rincón ofrece una vista impresionante y una historia fascinante.

La Torre de Fornells, una antigua fortificación defensiva, alberga un museo y una terraza con vistas panorámicas de la bahía de Fornells. Es un símbolo del pasado militar de la isla y ofrece una visita muy entretenida.