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Qué es una alucinación de la IA y por qué conviene desconfiar de sus respuestas

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Cualquiera que haya usado ChatGPT, Gemini o cualquier otro asistente lo ha vivido alguna vez. Le preguntas algo, te contesta con aplomo, con datos, con nombres y hasta con fechas, y todo suena impecable hasta que compruebas esa información y descubres que buena parte no existe. A ese fenómeno se le llama alucinación, y conviene entender desde el principio que no se trata de un fallo puntual ni de una avería del programa, sino de una consecuencia directa de la forma en que funcionan estas herramientas.

Qué es una alucinación de la IA

Una alucinación es cualquier respuesta en la que la inteligencia artificial genera información falsa y la presenta como si fuera cierta, sin avisar de que duda, sin matices y sin condicionales. Puede inventarse una cita, atribuir un libro a un autor equivocado, describir una función que un móvil no incorpora o citar una sentencia judicial que nunca se dictó, y lo hace con el mismo tono seguro con el que te daría la capital de Francia. Ahí está el matiz que de verdad importa, porque el error en sí no es raro en un programa informático; lo llamativo es el aplomo con el que se equivoca, que es justo lo que baja la guardia de quien lee.

Por qué la inteligencia artificial se inventa datos

Para entenderlo hay que quitarle a estos sistemas la aureola de sabios que les hemos colgado. Un modelo de lenguaje no consulta una base de datos ni «sabe» nada en el sentido humano del término, sino que se limita a predecir, palabra a palabra, cuál es la continuación más probable de un texto. Dicho de otro modo, no busca la respuesta verdadera sino la respuesta que suena bien, y la mayoría de las veces ambas coinciden porque lo probable suele ser también lo correcto, aunque no siempre ocurra así.

Fuente: Nacho Grosso

El problema aparece cuando el modelo no dispone de información suficiente sobre algo concreto, porque en lugar de detenerse o reconocer que lo ignora, rellena el hueco con lo que estadísticamente encaja mejor. El resultado es una respuesta coherente, bien redactada y en ocasiones completamente inventada, ya que sonar convincente y decir la verdad son dos objetivos distintos y estos sistemas están optimizados sobre todo para el primero.

Ejemplos reales de alucinaciones

Los casos más comunes son fáciles de reconocer una vez sabes qué buscar. Lo más frecuente son las referencias inventadas, cuando le pides fuentes o estudios y te ofrece títulos, autores y años que jamás se publicaron, pero también abundan los datos legales falsos, un clásico peligroso que ya ha llevado a algunos abogados a presentar ante un tribunal jurisprudencia sugerida por una IA que después resultó no existir.

A esos dos casos se suman las biografías con errores, en las que el sistema mezcla hechos de dos personas distintas o adjudica logros a quien no corresponde, y los enlaces que no llevan a ninguna parte, direcciones web con aspecto verosímil que al abrirlas devuelven un error 404.

Por qué son peligrosas si te fías sin comprobar

El riesgo no está tanto en el error en sí como en la forma en que se presenta, y esa diferencia lo cambia todo. Un buscador tradicional te muestra una lista de resultados y eres tú quien decide en cuál confía, mientras que un asistente de IA te entrega directamente una conclusión ya cerrada, redactada con naturalidad y sin fisuras aparentes.

Esa apariencia de autoridad es precisamente la trampa, porque cuanto más pulida suena una respuesta más fácil resulta aceptarla sin cuestionarla, y en asuntos delicados como la salud, el dinero, los trámites legales o la información médica, dar por bueno un dato inventado puede terminar saliendo caro.

Cómo detectarlas y evitar caer en ellas

No hace falta ser un experto para protegerse, basta con cambiar el chip y tratar a la inteligencia artificial como un ayudante rápido pero poco fiable en lugar de como una enciclopedia. Conviene desconfiar por sistema de los datos concretos, porque las fechas, las cifras, los nombres propios y las citas textuales son justo el terreno donde más se inventa, y siempre que la información vaya a usarse para algo con consecuencias merece la pena contrastarla en una fuente real antes de darla por buena.

En esa misma línea, si la respuesta incluye fuentes no basta con que las nombre, hay que abrirlas y comprobar que existen de verdad, y en temas sensibles como el derecho, la medicina o las finanzas lo sensato es usar la IA como punto de partida y nunca como respuesta final. Un último aviso útil es aprender a sospechar de la seguridad excesiva, ya que cuando algo suena demasiado redondo y no deja ningún resquicio a la duda suele ser buen momento para pararse a verificar.

La IA es una herramienta útil, no un oráculo

Nada de lo anterior significa que haya que renunciar a ella, porque para redactar, resumir, organizar ideas o resolver dudas cotidianas la inteligencia artificial ahorra tiempo de verdad y hace un buen trabajo. La clave está en usarla sabiendo exactamente lo que es, un sistema que predice texto y no una fuente de verdad, de modo que si mantienes ese escepticismo sano y verificas lo que importa aprovechas todo lo bueno sin tragarte lo inventado. Al final la pregunta útil no es si la IA se equivoca, porque se equivoca, sino si tú vas a molestarte en comprobarlo.