Cómo conseguir que ChatGPT te dé las mejores respuestas a la primera
El modelo importa menos de lo que crees: la diferencia está en el contexto que le das antes de pulsar enviar
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Hay una queja que se repite entre quienes prueban ChatGPT y lo abandonan a las dos semanas: que responde con obviedades, que se va por las ramas o que devuelve un texto correcto pero inservible. La mayoría de esas respuestas mediocres nacen de preguntas de una línea escritas con prisa, sin decirle al modelo para qué se va a usar el resultado ni quién lo va a leer. Nadie encarga un trabajo a un becario diciéndole solo «escribe algo sobre marketing», pero eso es exactamente lo que hacemos con la inteligencia artificial cada día.
El problema no es ChatGPT, es lo que le pides
Un modelo de lenguaje no adivina intenciones, calcula la continuación más probable a partir de lo que le has escrito. Si tu petición admite veinte interpretaciones distintas, el sistema elegirá la más genérica de todas, que casi nunca es la que tú tenías en la cabeza. Cuando escribes «hazme un email para un cliente», ChatGPT no sabe si el cliente es un banco o una peluquería, si le vas a subir el precio o a pedirle disculpas, ni si tu tono habitual con él es de usted o de tuteo.
Rellena esos huecos con el promedio de todo lo que ha visto, y el promedio de todo suena a plantilla. La diferencia entre una respuesta inútil y una aprovechable rara vez está en el modelo, está en los cuatro o cinco datos que no le has dado.
Explica quién eres y para qué necesitas la respuesta
El contexto no es un adorno, es el filtro que descarta las respuestas que no te sirven. Antes de formular la petición, conviene dedicar treinta segundos a responder cuatro preguntas: quién eres, cuál es el objetivo real del texto, quién lo va a leer y qué restricciones existen. Compara «resúmeme este informe» con «soy responsable de operaciones en una pyme de logística; resume este informe para presentarlo a un comité que no tiene formación técnica y que solo quiere saber qué decisiones hay que tomar este trimestre».
La segunda petición no es más larga por capricho, ya que cada dato añadido elimina miles de respuestas posibles. También ayuda decir explícitamente qué no quieres, porque las prohibiciones funcionan bien como límite. Indicar «sin introducción, sin conclusión y sin recomendarme contratar a un consultor» evita tres de los vicios más previsibles del modelo.
Define el formato antes de pulsar enviar
Buena parte de la frustración con ChatGPT viene del formato, no del contenido. El sistema tiende por defecto a las listas con viñetas, los encabezados y los párrafos de tres líneas, un estilo que resulta cómodo de leer en pantalla pero que sirve de poco si lo que necesitas es un texto continuo o una tabla. Especificar la extensión aproximada, la estructura y el soporte final cambia el resultado de forma inmediata.
Pide «seis párrafos seguidos, sin viñetas, unas 500 palabras, tono divulgativo para un lector sin conocimientos previos» y obtendrás algo aprovechable; pide «escríbeme sobre esto» y tendrás una escaleta disfrazada de contenio. Lo mismo aplica a las tablas: si le dices las columnas exactas que quieres, te las devuelve; si no, se las inventa a su gusto.
Cuándo conviene cambiar de Instant a Thinking
En los planes de pago, ChatGPT permite elegir entre respuestas rápidas (Instant), razonamiento más profundo (Thinking) y un modo Pro reservado a los planes superiores. El sistema decide por su cuenta cuándo escalar de uno a otro, pero esa decisión automática se equivoca a menudo con las tareas que parecen sencillas y no lo son. Para traducir una frase, redactar un mensaje breve o resolver una duda de cultura general, el modo rápido va sobrado y responde en segundos.

Para comparar varios documentos, revisar un cálculo, planificar algo con muchas restricciones o depurar código, forzar manualmente el modo de razonamiento marca una diferencia real en la calidad. El coste es el tiempo de espera, que puede pasar de dos segundos a más de uno o dos minutos.
Conviene tenerlo presente antes de asumir que el modelo «no sabe» resolver algo, quizá simplemente no le has dejado pensar. Las etiquetas del selector cambian con frecuencia y OpenAI las ha renombrado varias veces en lo que va de año, así que lo práctico es fijarse en la función y no en el número de versión.
Instrucciones personalizadas: configúralas una vez y olvídate
Si cada mañana empiezas escribiendo «soy responsable de marketing», «responde en español de España» o «no me hagas listas», estás perdiendo el tiempo. Las instrucciones personalizadas guardan esa información de forma permanente y se aplican a todos los chats nuevos. Se encuentran en Configuración > Personalización > Instrucciones personalizadas, tanto en la web como en las aplicaciones de iOS y Android, y están disponibles también en el plan gratuito.

Hay dos campos principales, uno para describir quién eres y otro para explicar cómo quieres que te responda, con un límite de 1.500 caracteres cada uno según la documentación de OpenAI. Merece la pena invertir un rato en redactarlos con criterio. Es decir, profesión, nivel de conocimiento, idioma, tono, longitud habitual y manías concretas. Un aviso que rara vez se menciona: las instrucciones contradictorias empeoran los resultados. Si pides brevedad en un campo y entusiasmo desbordante en otro, el modelo intentará contentar a los dos y no acertará con ninguno. Y si cambias de trabajo o de proyecto y no actualizas ese texto, seguirás recibiendo respuestas pensadas para el tú de hace un año.
Proyectos y memoria para no empezar de cero cada día
La función de proyectos permite crear espacios separados dentro de ChatGPT, cada uno con su propio historial, sus instrucciones específicas y sus archivos de referencia. Es la solución más limpia cuando usas la herramienta para asuntos que no tienen nada que ver entre sí. En lugar de contaminar tus preferencias generales con las particularidades de un trabajo concreto, creas un proyecto para ese asunto, le das las instrucciones que necesita y subes los documentos de contexto una sola vez. A partir de ahí, cada conversación dentro de ese espacio arranca ya situada.
La memoria funciona de otra manera, el sistema guarda por su cuenta datos que va deduciendo de tus conversaciones y los reutiliza en las siguientes, algo cómodo pero también más difícil de controlar. Se puede revisar, editar y borrar lo almacenado desde los ajustes, y conviene hacerlo cada cierto tiempo. Una memoria llena de datos antiguos o mal deducidos sesga las respuestas sin que sepas por qué.

Dale material propio en lugar de pedirle que rellene huecos
Cuanto más específico es lo que preguntas, más probable es que el modelo se invente los detalles. Este es el punto donde más se falla y el que más disgustos da. Si le pides que analice las ventas de tu empresa sin darle las cifras, no te dirá que no las tiene, sino que construirá un análisis verosímil con números plausibles. La forma de evitarlo es sencilla y consiste en aportar el material en lugar de esperar que lo adivine. Sube el documento, pega el texto, adjunta la captura, comparte el enlace.
Otra técnica que funciona mejor de lo que parece es darle un ejemplo del resultado que buscas, por ejemplo, un correo anterior que salió bien, un párrafo escrito por ti, una tabla ya montada. El modelo imita patrones con notable precisión, así que un ejemplo concreto vale más que tres párrafos describiendo el estilo que quieres.
La última pieza es contraintuitiva. Antes de pedir el resultado final, pídele que te pregunte. Una fórmula tan simple como «antes de responder, hazme las preguntas que necesites para hacerlo bien» convierte un encargo ciego en una conversación, y suele destapar los datos que ni se te había ocurrido aportar.
Ningún prompt sustituye a la verificación
Todo lo anterior mejora la calidad de las respuestas, pero no elimina el problema de fondo. Un texto mejor escrito no es un texto más cierto, y el modelo sigue siendo capaz de afirmar con absoluta seguridad cosas que no ha comprobado. Cuando la respuesta incluye datos, fechas, cifras, citas o referencias legales, hay que verificarlas fuera de ChatGPT, y activar la búsqueda web ayuda pero no garantiza nada.
La regla que funciona es distinguir entre lo que puedes comprobar de un vistazo y lo que no. Si es una idea, un borrador o una estructura, adelante. Si es un dato que vas a publicar, firmar o enviar a un cliente, compruébalo en la fuente original. La inteligencia artificial ha mejorado mucho en cómo dice las cosas y bastante menos en saber cuándo no debería decirlas.
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