Disparos, catanas, coches ardiendo y un menor asesinado: así es la guerra entre bandas que azota Ceuta
En las últimas 48 horas en la ciudad autónoma se han multiplicado los hechos violentos que han culminado un disparo mortal a un chico de 16 años en El Príncipe
Una guerra entre dos grupos criminales por el control del tráfico de drogas en la ciudad ha superado el control policial de la ciudad
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Ceuta tiene menos de 20 kilómetros cuadrados de superficie en los que viven 85.000 personas y no hay un día de la semana en el que no haya actos violentos en sus calles o en su frontera. Ejemplo de esta situación de excepcional violencia ha sido esta pasada Semana Santa, en la que los disturbios en las calles, los disparos y la violencia vandálica se resumieron en un solo instante cuando a la salida del barrio de El Príncipe un chico de 16 años era asesinado de un certero disparo en la cabeza mientras conducía una moto en compañía de un amigo. La muerte del joven Ibrahim será inolvidable para su familia, pero es el último episodio que demuestra que hace tiempo las fuerzas policiales existentes en la ciudad autónoma son claramente insuficientes para mantener el orden en Ceuta.
Los menores de edad y los inmigrantes que entran ilegalmente a Ceuta víctimas de las mafias que los llevan hasta la misma frontera entre Marruecos y España forman la infantería que dos grandes grupos de delincuentes están usando en Ceuta para hacerse con el control del mercado de la droga. Cada una de las bandas domina dos de los barrios más conocidos de la ciudad: El Príncipe y Los Rosales. El problema es que ambos grupos usan ya el resto de las calles de Ceuta como un tablero de ajedrez improvisado en el que los disparos, las peleas, los coches ardiendo o los ataques a conductores de vehículos burlan la vigilancia policial que el resto de los vecinos de Ceuta critica por inexistente o al menos inoperante.
El ejemplo más claro de la sensación de inseguridad de los ceutíes ante la violencia gratuita que se vive en sus calles lo representa la muerte de Ibrahim el pasado sábado. El chico, de 16 años, conducía un ciclomotor en el que llevaba a un amigo. Ambos abandonaban la barriada de El Príncipe la noche del Sábado Santo cuando un disparo alcanzó a Ibrahim en la cabeza. El joven quedó tirado en mitad de la calzada todavía con vida hasta que un conductor particular lo recogió parar llevarlo al hospital en su propio coche. Poco después el adolescente moría en el centro hospitalario.
Pudieron confundirlo por la moto
Si se atiene a lo que cuenta la familia del chico se trata de la víctima colateral de una sucesión de hechos violentos entre las dos bandas que dominan las calles de Ceuta. Según ellos el chico no tenía ninguna relación con el mundo de la delincuencia, cursaba sus estudios y ya había tenido algún trabajo esporádico en negocios relacionados con la hostelería de la ciudad para sacarse unos dineros. Si todo lo anterior es así la sensación de inseguridad de los ceutíes sería aterradora, pero es que la versión policial de la muerte de Ibrahim no es ni mucho menos tranquilizadora.
Los investigadores creen que la muerte del chico es fruto de un error, ya que, al conducir la moto con casco, era complicado que el autor del disparo supiera a ciencia cierta quien conducía el ciclomotor. De hecho, se descartó el impacto accidental de un proyectil perdido ya que los agentes cuentan con un testimonio que menciona haber visto al autor del disparo realizarlo de manera voluntaria valiéndose además de un arma similar a una escopeta. Los agentes no descartan que el autor de la muerte de Ibrahim se equivocara de víctima y se hubiera dejado llevar de manera equivocada por otro elemento, como, por ejemplo, el ciclomotor que conducía el chico, que por el momento se desconoce a quien pertenece.
Sea cual sea la explicación del crimen del joven lo que supuso para la ciudad fueron varias horas de altercados, violencia y peleas en diferentes puntos de Ceuta que ponen en evidencia el descontrol de una ciudad que pese a sus pequeñas dimensiones las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no terminan de poder dominar. Dos factores preocupan especialmente a la Policía Nacional, encargados de la seguridad de la ciudad: el movimiento de armas entre los barrios de Ceuta y el uso de menores e inmigrantes ilegales que una vez llegados a la ciudad no tienen modo de seguir viaje a la Península o al resto de Europa. Estas bandas criminales se nutren de estas personas para ponerles un arma en sus manos. A veces, esas armas acaban produciendo tragedias como el crimen de un chico de 16 años.
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