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Destapan lo que hacía Sarah Ferguson y en Reino Unido no dan crédito: gastó 30.000 euros en menos de una hora

Sarah Ferguson ha vuelto a convertirse en noticia tras las nuevas revelaciones sobre su estilo de vida durante los años en que formó parte activa de la familia real. La atención mediática que rodea al príncipe Andrés ha reavivado el interés por su entorno más cercano, y en particular por su ex mujer, cuya trayectoria ha estado marcada por polémicas recurrentes desde su llegada a la Casa Real en 1986.

El historiador y periodista Andrew Lownie, en su obra Entitled: The Rise and Fall of the House of York, ofrece un retrato minucioso del matrimonio y describe a Ferguson como una figura de hábitos extravagantes, gastos desorbitados y una compleja relación con el privilegio y la responsabilidad institucional. Entre los episodios más llamativos que recoge el libro destaca un gasto de 30.000 euros en menos de una hora en unos grandes almacenes, un dato que ha causado asombro en el Reino Unido y que vuelve a poner en cuestión la gestión económica de la duquesa durante décadas.

Los privilegios de Sarah Ferguson

Cuando Sarah Ferguson se incorporó a la familia real británica, fue recibida con entusiasmo por su carácter espontáneo y cercano, en contraste con la rigidez tradicional de la institución. Su naturalidad la convirtió inicialmente en una figura popular, hasta el punto de que el entonces príncipe de Gales, Carlos III, llegó a comentar a Diana de Gales que podría inspirarse en su estilo más desenfadado.

Sin embargo, esa frescura inicial dio paso a tensiones internas. Según diversas fuentes recogidas por Lownie, Ferguson se adaptó rápidamente a los privilegios de su posición y comenzó a imponer rutinas exigentes a su personal, especialmente durante la organización de fiestas que se prolongaban hasta altas horas de la madrugada. Los empleados denunciaban horarios extremos y exigencias logísticas desproporcionadas.

Entre las prácticas más comentadas figuraba la obligación de servir cada noche grandes piezas de carne dispuestas como si se tratara de un banquete medieval. Paradójicamente, la comida permanecía intacta durante horas mientras la duquesa y sus hijas optaban por alimentos sencillos, y las sobras eran desechadas al día siguiente, lo que alimentó críticas sobre el despilfarro.

Caprichos, lujos y deudas

El libro describe una vida marcada por viajes constantes y estancias en algunos de los hoteles más exclusivos del mundo. En varias ocasiones, según los testimonios recopilados, la duquesa abandonó establecimientos sin saldar facturas, acumulando deudas considerables por servicios de habitaciones y estancias prolongadas.

Su relación con los grandes almacenes también generó controversia. Mohamed Al-Fayed, propietario de Harrods y padre de Dodi Al-Fayed, habría desistido de reclamar pagos pendientes ante la dificultad de gestionar la situación con un miembro de la realeza. La duquesa llegó a viajar con hasta 25 maletas, cinco de ellas dedicadas exclusivamente a maquillaje y productos de aseo, y una destinada únicamente a perchas.

Sarah Ferguson en un evento. (Foto: Gtres)

El mantenimiento de su estilo de vida implicaba una estructura de servicio extraordinaria. Se estima que llegó a emplear a unas 30 personas, incluidas dos encargadas exclusivamente de recoger los excrementos de su perro. Un antiguo asesor financiero, que también fue pareja sentimental de Ferguson, calculó que sus gastos anuales podían alcanzar el millón de euros, con partidas destacadas para personal, flores, fiestas y vestuario.

Pese a los elevados ingresos derivados de acuerdos comerciales y de la venta de libros infantiles, Ferguson acumuló deudas que superaron los cuatro millones de euros. Llegó a tener más de 200 acreedores, entre bancos, peluqueros, entrenadores personales y empresas de servicios. En varias ocasiones, Isabel II tuvo que intervenir para saldar parte de sus obligaciones financieras.

Un matrimonio muy comendado

La relación entre Sarah Ferguson y el príncipe Andrés ha sido descrita como poco convencional desde sus inicios. Según el libro, ambos toleraban las infidelidades del otro durante su matrimonio. En el primer año de casados, el duque habría mantenido relaciones con múltiples mujeres, lo que afectó profundamente a Ferguson y marcó el tono de su convivencia.

Con el tiempo, la duquesa también inició relaciones extramatrimoniales. Testimonios citados en la obra relatan escenas cotidianas que ilustran la distancia emocional entre ambos: noches en las que el príncipe cenaba solo en su despacho mientras ella lo hacía con un acompañante en otra parte de la residencia.

Aunque se divorciaron en 1996, la pareja mantuvo una convivencia estrecha durante años. Tras la muerte de la Reina Madre en 2002, Andrés se trasladó a Royal Lodge, donde Ferguson ocupó un apartamento dentro del mismo complejo. Fuentes citadas por el autor sugieren que la estabilidad de esta relación se basa menos en el afecto romántico que en una profunda amistad y en el conocimiento que la duquesa posee sobre los entresijos de la familia Windsor.

El caso Epstein

Otro de los aspectos más delicados que aborda la obra es la relación de Ferguson con Jeffrey Epstein, cuya red de contactos y delitos provocó un escándalo internacional. Correos electrónicos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos muestran a la duquesa disculpándose con Epstein y agradeciéndole su apoyo, lo que ha generado nuevas críticas sobre su criterio y sus relaciones personales.

Estos documentos han reforzado la percepción pública de que Ferguson mantuvo vínculos estrechos con figuras controvertidas, un elemento que se suma a su historial de deudas, excesos y conflictos institucionales. Para muchos observadores, estos episodios contribuyen a explicar por qué su figura sigue generando controversia décadas después de su salida formal de la familia real.