Sociedad
Vivienda

Confirmado por los notarios: los marroquíes ya son los extranjeros que más vivienda compran en España y superan a los británicos, con 4.960 casas en el primer semestre de 2026

La crisis de vivienda que sufre España abarca muchos frentes por los cuales la situación ha ido empeorando con el paso del tiempo. Durante las últimas décadas, los británicos habían dominado la lista de extranjeros que compraban vivienda en España, enfocada sobre todo en perfiles turísticos. Torrevieja, Benidorm, Marbella o Mallorca son muchos de los destinos elegidos por nuestros vecinos europeos para comprar viviendas y disfrutar de las playas españolas.

En los últimos meses, esta tendencia ha cambiado, según informa datos del Notariado. Los marroquíes se han vuelto los primeros en la lista de adquisición de vivienda con 4.960 operaciones frente a las 4.551 de los británicos en el primer semestre de 2026.

La gran diferencia entre el objetivo de la compra de vivienda entre ambas nacionalidades es: los británicos compran para veranear, y los marroquíes para vivir. De las 4.960 casas de marroquíes, 4.897, es decir, el 98,7%, son residencias habituales. Por partes de los británicos, sólo el 52,6% (2.388) de las 4.541 son de fin residencial.

Marruecos es la mayor comunidad extranjera con permiso en vigor, superando las 910.000 personas. Los compradores marroquíes pagaron un precio medio de 801 euros por metro cuadrado, el más bajo de las principales nacionalidades extranjeras. Existen pueblos de la España vaciada, donde la población marroquí supera la española. No sólo pagan el IVA e IBI, sino que hacen de España su hogar.

Posibles efectos en el ciudadano español

Esta subida de los precios del suelo de bajo coste puede afectar directamente a la clase obrera española. Los ciudadanos españoles con rentas bajas o jóvenes que buscan su primera vivienda compiten directamente por el mismo tipo de inmuebles, lo que puede hacer que se alzan los precios en ese segmento de la población. Esto mismo sucede en zonas turísticas como en Canarias o Baleares, donde ciudadanos europeos compran viviendas, encareciendo el suelo de las islas para los ciudadanos del lugar.

Al existir menos stock, reduciéndose la oferta disponible de pisos a la venta en determinadas localidades, se dificulta el acceso de las personas que tienen recursos muy limitados.

También existen posibles efectos positivos, como el pago de impuestos asociados que se quedan en los municipios españoles para financiar servicios públicos, alivio del mercado del alquiler y una mayor demanda que sirve como vía de salida para vender propiedades que podrían tardar más tiempo en comercializarse.