Los probióticos podrían reducir los efectos secundarios de los antipsicóticos en la esquizofrenia
Un estudio, en el que han participado investigadores de la Universidad Europea destaca que los probióticos podrían mejorar síntomas psicóticos
Cada vez más estudios sugieren que la inflamación desempeña un papel importante en muchos trastornos mentales, incluida la esquizofrenia. Esta enfermedad afecta aproximadamente al 1% de la población mundial y enfrentan un riesgo de mortalidad dos a tres veces mayor que la población general.
Un estudio, en el que han participado Verónica Romero-Ferreiro, profesora de Psicología de la Universidad Europea; José Miguel Biscaia, profesor de Medicina de la Universidad Europea; y Rocío González-Soltero, profesora especializada en Microbiota, Alimentación y Salud de la Universidad Europea de Madrid; sugiere que la suplementación con probióticos podría ayudar a reducir significativamente los niveles de inflamación en pacientes diagnosticados con este trastorno.
«Sabemos que la inflamación afecta al cerebro alterando la comunicación entre neuronas y la producción de neurotransmisores clave, como la dopamina o el glutamato», explica Verónica Romero, profesora de Psicología de la Universidad Europea de Madrid y una de las autoras del estudio. En el caso de la esquizofrenia, diversos estudios han encontrado que las personas con este diagnóstico presentan niveles elevados de ciertos marcadores inflamatorios y contribuyendo a la aparición de síntomas como alucinaciones, delirios o dificultades para concentrarse. «Esta situación podría contribuir a la aparición de síntomas difíciles de tratar, como la apatía o la falta de motivación», añade.
El reconocimiento de estos marcadores ha llevado a investigar el uso de probióticos como tratamiento complementario para mejorar el abordaje de la esquizofrenia, en el contexto del llamado eje microbiota-intestino-cerebro, que describe la relación bidireccional entre la microbiota intestinal, el sistema nervioso y el cerebro. Este estudio ha encontrado una reducción significativa en los niveles de PCR (proteína C reactiva, un indicador de inflamación sistémica) tras 12 y 14 semanas de suplementación con probióticos. La cepa más utilizada en los estudios analizados fue Lactobacillus acidophilus.
Factores genéticos
Aunque estos resultados son prometedores, la experta de la Universidad Europea insiste en la necesidad de ser cautos. «La esquizofrenia es un trastorno multifactorial, con factores genéticos, ambientales y metabólicos», señala Verónica Romero. «La modulación de la inflamación a través de probióticos podría ser una herramienta complementaria, pero aún queda mucho por investigar antes de hacer recomendaciones clínicas». La profesora recuerda que el estudio de los probióticos es algo muy reciente. Aunque los avances en esta disciplina se hacen a pasos agigantados, «llevamos pocos años estudiando sus efectos en la salud, y aún no hay un corpus teórico suficiente como para extraer conclusiones sólidas», apostilla.
En este contexto, para la modulación de esta inflamación, Romero recomienda una dieta que no es distinta a la que debería seguir el resto de la población, es decir, «una alimentación rica en fibra, polifenoles y ácidos grasos omega-3, con un alto consumo de frutas, verduras, legumbres y frutos secos. La fibra es el alimento por excelencia de las bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta, un producto antiinflamatorio clave para la regulación del sistema inmunológico. También es importante incluir alimentos fermentados como yogur, kéfir y kimchi, ya que favorecen la diversidad microbiana en el intestino».
Alimentos ultraprocesados
A su vez, la profesora de la Universidad Europea señala que dietas como la mediterránea, rica en alimentos vegetales, se asocia a una reducción en la incidencia de trastornos mentales, enfermedad cardiovascular, diabetes y ciertos tipos de cáncer, como el colorrectal. Y señala que «se debe reducir la ingesta de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares, harinas refinadas y grasas saturadas, ya que pueden aumentar la inflamación y empeorar los síntomas en pacientes con esquizofrenia», explica.
En cuanto a los perfiles de pacientes que podrían beneficiarse más de este tipo de intervención, el estudio apunta a aquellos con niveles elevados de inflamación y a personas recién diagnosticadas. «Intervenir en fases tempranas podría prevenir alteraciones más profundas asociadas al deterioro progresivo», destaca la investigadora.
De cara al futuro, se trabaja en diseñar nuevos ensayos clínicos con muestras más amplias, mejor control metodológico y estudios longitudinales. «El próximo paso es identificar qué cepas son más efectivas, en qué dosis y durante cuánto tiempo. Además, es fundamental estudiar cómo interactúan con los tratamientos antipsicóticos y qué marcadores biológicos pueden predecir la respuesta», concluye Verónica Romero.
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