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Los niños ya no entrarán solos al quirófano: el Gregorio Marañón deja que los padres les acompañen hasta que se duermen

La presencia de una persona de confianza permite además que el niño afronte ese momento con mayor tranquilidad

El momento de entrar en un quirófano puede ser especialmente difícil para un niño. A los nervios propios de una intervención se suma, en muchos casos, la separación de sus padres justo cuando más necesita sentirse seguro. Para evitarlo, el Hospital General Universitario Gregorio Marañón ha puesto en marcha un nuevo protocolo que permite a los progenitores acompañar a sus hijos dentro del quirófano durante la inducción de la anestesia.

La iniciativa permite que el menor permanezca junto a su madre o su padre hasta quedarse completamente dormido. Después, los profesionales continúan con la intervención y, una vez finalizada, el niño vuelve a encontrarse con sus progenitores durante el despertar en la sala de recuperación.

El objetivo, impulsado por los servicios de Anestesia y Reanimación y Enfermería, es reducir la ansiedad que genera en los menores la entrada en quirófano y evitar, en la medida de lo posible, el impacto emocional de separarse de sus padres antes de una operación.

La presencia de una persona de confianza permite además que el niño afronte ese momento con mayor tranquilidad, mientras los padres pueden conocer el entorno y al equipo sanitario que se encargará de atender a su hijo.

Los padres se ‘visten’ para entrar en quirófano

Hasta ahora, los padres podían acompañar a sus hijos hasta una sala situada antes del quirófano. A partir de ese punto, el menor continuaba solo hasta la sala de operaciones, una situación que podía incrementar los nervios y la ansiedad.

«Ahora, los padres se visten con la indumentaria necesaria y entran con el niño y con nosotros en el quirófano», explica David Callejo, anestesiólogo del Hospital Gregorio Marañón.

Durante la inducción anestésica, el padre o la madre puede hablar con el niño, tranquilizarlo, mantener el contacto físico, ayudarle a tumbarse en la camilla e incluso acompañarle durante la colocación de la mascarilla.

Una vez que el menor está completamente dormido, el progenitor abandona el quirófano y el equipo sanitario continúa con la preparación de la intervención.

«El niño está acompañado en todo momento mientras permanece despierto y todos los procedimientos que se realizan el día de la cirugía se llevan a cabo una vez dormido», señala Callejo.

El protocolo no se limita a las operaciones. El acompañamiento familiar también se extiende a procedimientos realizados bajo anestesia fuera del quirófano, como resonancias magnéticas, endoscopias o determinados tratamientos de radioterapia.

Tras la intervención, el niño sale todavía dormido del quirófano y es trasladado a la sala de recuperación. Allí vuelve a estar acompañado por sus padres durante el despertar. Posteriormente, dependiendo de la intervención realizada y de su evolución, puede pasar a planta o recibir el alta.

Con esta medida, el Gregorio Marañón busca avanzar en la humanización de la asistencia pediátrica, incorporando a las familias al proceso y reduciendo uno de los momentos que pueden generar mayor angustia tanto en los niños como en sus padres.