Mónica García abandona a los enfermos de Alzheimer: no financia el primer fármaco que frena su progresión
Los afectados y sus familias deberán recurrir a vías privadas o desplazarse a otros sistemas sanitarios del continente
La decisión del Ministerio de Sanidad, encabezado por Mónica García, de no financiar de momento el acceso a lecanemab, único fármaco que retrasa la progresión del alzhéimer, en el sistema público español, supone un nuevo revés para los pacientes y sus familias en un momento en el que, por primera vez, el debate sobre los tratamientos para esta enfermedad había generado esperanzas.
El fármaco, considerado por la Agencia Europea del Medicamento como una de las primeras terapias capaces de ralentizar la progresión de la enfermedad en fases iniciales, queda así fuera del alcance inmediato de muchos pacientes en España. Mientras otros países europeos avanzan en su incorporación bajo criterios estrictos, los afectados y sus familias se enfrentan a la posibilidad de tener que recurrir a vías privadas o desplazarse a otros sistemas sanitarios del continente para acceder a una de las pocas opciones terapéuticas emergentes frente a una enfermedad aún sin cura.
Anticuerpos monoclonales
El desarrollo de los nuevos anticuerpos monoclonales contra el alzhéimer, como el lecanemab (Leqembi), ha sido presentado como uno de los mayores avances en décadas frente a una enfermedad que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo. Su objetivo no es curar, sino ralentizar la progresión del deterioro cognitivo en fases tempranas, actuando sobre la acumulación de proteína beta-amiloide en el cerebro.
El fármaco ha sido desarrollado por las compañías como Eisai y Biogen, y tras años de ensayos clínicos, mostró una reducción modesta del ritmo de deterioro cognitivo en torno al 27% en algunos estudios en pacientes con fases iniciales de la enfermedad.
La historia regulatoria del medicamento ha sido intensa. En Estados Unidos, la FDA lo aprobó inicialmente mediante vía acelerada en 2023 y posteriormente le otorgó aprobación tradicional tras nuevos datos clínicos. En Europa, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) primero lo rechazó por dudas sobre su balance riesgo-beneficio, y más tarde lo revirtió y lo autorizó con condiciones estrictas de uso en pacientes seleccionados genéticamente y en fases muy tempranas.
Seguimiento hospitalario
Sin embargo, y como todo fármaco, sus posibles efectos secundarios incluyen riesgos de inflamación y microhemorragias cerebrales, lo que obliga a un seguimiento hospitalario continuo con resonancias magnéticas.
El debate ha llegado también al terreno político y sanitario en España, donde la gestión de su financiación ha generado tensiones entre administraciones y responsables de salud pública. Mientras tanto, asociaciones de pacientes y parte de la comunidad científica defienden que, aunque el efecto sea modesto, representa el primer paso real hacia terapias modificadoras de la enfermedad.
En el fondo, el lecanemab simboliza un dilema de la medicina contemporánea: ¿cuánto vale ralentizar una enfermedad incurable aunque sea de forma parcial?
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