España fracasa en su lucha contra los antibióticos: la UE exige reducir otro 21% su consumo
Pese a haber reducido un 19% el uso de estos fármacos desde 2015, España sigue por encima del objetivo fijado por la UE
El consumo de antibióticos en España vuelve a descender, pero el país continúa sin cumplir el objetivo marcado por la Unión Europea. Según los últimos datos del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), el consumo cayó un 5,1% en 2025, hasta las 22,94 dosis diarias definidas (DDD) por cada 1.000 habitantes y día. Sin embargo, para alcanzar la meta europea fijada para 2030, España todavía debe rebajar otras 4,74 DDD, lo que supone aproximadamente un 21% adicional respecto a los niveles actuales.
Aunque la evolución española es positiva respecto a la última década, el desafío sigue siendo considerable. Desde 2015, el consumo se ha reducido cerca de un 19%, pero el nivel continúa por encima del objetivo individual asignado a España dentro de la estrategia europea contra la resistencia a los antimicrobianos.
¿Por qué preocupa tanto el consumo de antibióticos?
Cada uso innecesario de un antibiótico aumenta la posibilidad de que las bacterias desarrollen mecanismos de resistencia. Cuando esto ocurre, infecciones comunes dejan de responder a tratamientos habituales y se convierten en enfermedades mucho más difíciles de curar.
La resistencia antimicrobiana está considerada por la Organización Mundial de la Salud y por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) como una de las mayores amenazas sanitarias del siglo XXI. En la Unión Europea se estima que provoca decenas de miles de muertes cada año y aumenta considerablemente las hospitalizaciones y los costes sanitarios.
¿Qué está haciendo Europa?
En 2023, el Consejo de la Unión Europea aprobó una recomendación para que todos los Estados miembros reduzcan el consumo de antibióticos con un enfoque denominado One Health, que integra salud humana, sanidad animal y medio ambiente.
Entre los principales objetivos destacan:
- Reducir un 20% el consumo total de antibióticos respecto a 2019.
- Favorecer el uso de antibióticos de «acceso», considerados los más adecuados para la mayoría de infecciones comunes.
- Reducir las infecciones causadas por bacterias resistentes en hospitales.
Los países del norte de Europa siguen siendo el referente.
Países Bajos presenta uno de los menores consumos de antibióticos de Europa, con menos de 10 dosis diarias por cada 1.000 habitantes. Su estrategia combina una atención primaria muy estricta, protocolos homogéneos, una elevada concienciación ciudadana y un uso muy limitado de antibióticos para infecciones víricas.
Finlandia figura entre los pocos países que avanzan al ritmo necesario para cumplir los objetivos europeos de 2030 gracias a programas de vigilancia, formación continuada a los médicos y campañas permanentes dirigidas a la población.
En cambio, países como Grecia, Italia, Portugal, Rumanía o Bulgaria mantienen algunos de los consumos más elevados de Europa y continúan alejados de las metas comunitarias.
España mejora, pero aún no alcanza la meta
Paradójicamente, España también aparece entre los países que más han reducido el consumo durante la última década. El PRAN, puesto en marcha en 2014, ha permitido importantes descensos tanto en salud humana como en sanidad animal, situando al país entre los que más han progresado dentro de la UE.
Sin embargo, partir de niveles históricamente elevados hace que, pese a los avances, España todavía necesite una reducción adicional importante para cumplir el objetivo individual fijado por Bruselas.
¿Qué medidas funcionan?
Los expertos coinciden en varias actuaciones que han demostrado eficacia:
- No prescribir antibióticos frente a infecciones víricas como gripe o resfriados.
- Utilizar pruebas diagnósticas rápidas antes de recetar determinados tratamientos.
- Implantar programas PROA en hospitales y centros de salud para supervisar las prescripciones.
- Formar continuamente a médicos y farmacéuticos.
- Desarrollar campañas de educación sanitaria dirigidas a la población para evitar la automedicación y exigir antibióticos solo cuando son realmente necesarios.
El reto para España no consiste únicamente en seguir reduciendo las cifras, sino en consolidar un cambio cultural similar al de los países europeos con menor consumo. Sólo así podrá cumplir los compromisos adquiridos con la Unión Europea y contribuir a frenar una amenaza que, según los organismos internacionales, compromete la eficacia futura de uno de los mayores avances de la medicina moderna.
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