Una bomba para el organismo: daños neurológicos y hepáticos por bebidas energéticas en menores
En personas jóvenes, cuya tolerancia es menor, el exceso puede provocar palpitaciones, aumento de la presión arterial y episodios de ansiedad
El Gobierno de Pedro Sánchez seguirá la senda iniciada por el Partido Popular de Galicia y vetará la venta de bebidas energéticas a menores. La decisión se apoya en las advertencias de expertos en salud pública, que alertan de los numerosos problemas sanitarios asociados a su consumo excesivo, especialmente entre los jóvenes.
El consumo de bebidas energéticas se ha extendido de forma notable en la última década, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Estos productos combinan altas dosis de cafeína con azúcares y otros estimulantes que prometen mejorar el rendimiento físico o mental, pero cuyo uso frecuente puede tener efectos adversos relevantes.
Diversos organismos sanitarios han advertido de que su popularidad entre menores coincide con un aumento de problemas como insomnio, nerviosismo o dificultades de concentración, síntomas que pueden pasar desapercibidos al considerarse «normales» en el ritmo de vida actual.
Uno de los principales riesgos está asociado al elevado contenido en cafeína. En personas jóvenes, cuya tolerancia es menor, el exceso puede provocar palpitaciones, aumento de la presión arterial y episodios de ansiedad. Los especialistas alertan de que el consumo repetido puede alterar los ritmos de sueño y favorecer un estado de activación constante que impacta en el rendimiento escolar y en la estabilidad emocional.
Además, cuando estas bebidas se combinan con actividades deportivas intensas, el efecto estimulante puede enmascarar señales de fatiga y aumentar el riesgo de deshidratación o sobreesfuerzo físico.
Otro aspecto preocupante es la enorme carga de azúcar presente en muchas de estas bebidas. La ingesta habitual contribuye al incremento de peso y al desarrollo de obesidad infantil y juvenil, factores que a largo plazo elevan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. El consumo frecuente también se relaciona con caries dental y con una mayor probabilidad de desarrollar resistencia a la insulina, un paso previo a la diabetes tipo 2. Estos efectos se ven agravados cuando las bebidas energéticas sustituyen al agua o a opciones más saludables dentro de la dieta diaria.
Impacto en la salud mental
Los expertos también subrayan el impacto que pueden tener sobre la salud mental. El abuso de estimulantes se ha vinculado con irritabilidad, cambios de humor y dificultades para regular el estrés, especialmente en adolescentes en etapas de desarrollo neurológico. En casos extremos, se han descrito episodios de arritmias o crisis de ansiedad que requieren atención médica, lo que ha llevado a pediatras y cardiólogos a recomendar limitar o evitar su consumo en menores.
A largo plazo, el problema no se reduce a efectos puntuales, sino a la creación de hábitos poco saludables que se consolidan en la vida adulta. La normalización de estas bebidas como fuente habitual de energía puede favorecer la dependencia a los estimulantes y reducir la percepción de sus riesgos reales. Este patrón puede derivar en un consumo cada vez mayor para lograr el mismo efecto, aumentando progresivamente la exposición del organismo a sustancias que afectan al sistema cardiovascular y nervioso.
Por todo ello, profesionales sanitarios y organismos de salud pública coinciden en que las bebidas energéticas no son productos inocuos, especialmente en edades tempranas. Su consumo regular se asocia a alteraciones del sueño, problemas metabólicos y riesgos cardiovasculares que, aunque a veces silenciosos, pueden tener consecuencias graves con el paso del tiempo. La prevención y la educación nutricional se presentan como herramientas clave para frenar un hábito que, bajo la apariencia de ofrecer energía inmediata, puede comprometer seriamente la salud futura de quienes las consumen con frecuencia.
Salud hepática
Por otra parte, medios sanitarios y distintos médicos en redes sociales, han alertado de que el impacto hepático de estas bebidas puede ser mucho más grave de lo que se percibe. El doctor Elmer Huerta ha explicado que el consumo excesivo puede provocar inflamación hepática e incluso hepatitis química debido a sustancias como la niacina y otros compuestos estimulantes presentes en estas bebidas.
Asimismo, especialistas advierten que dosis elevadas de vitamina B3 pueden resultar tóxicas para el hígado y desencadenar daños agudos cuando se ingieren varias latas en poco tiempo. Algunos profesionales han llegado a describir este riesgo como una «bomba de relojería» para el organismo, subrayando que el abuso continuado puede afectar directamente al hígado y generar consecuencias severas si no se detecta a tiempo.
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