Religión
Visita de León XIV

El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, evitó hacer la reverencia al Papa y no le besa el anillo

El saludo al Papa, más allá de ser una norma de cortesía secular, posee una profunda carga simbólica y teológica

  • Rafael Sánchez
  • Redactor de Nacional de OKDIARIO. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. rafael.sanchez@okdiario.com

El cardenal y arzobispo de Madrid, José Cobo, evitó el pasado sábado hacer la tradicional reverencia y besado de anillo tras la llegada del Papa León XIV a la capital de España.

Durante el saludo institucional, en el que participaron los Reyes, Felipe VI y Letizia, miembros de la Iglesia española, autoridades civiles y miembros de la organización del viaje papal, el cardenal Cobo se acercó al Santo Padre para darle la bienvenida. Sin embargo, en lugar de realizar la habitual inclinación acompañada del besado del anillo pontificio (una muestra tradicional de respeto y reconocimiento de la autoridad del Papa dentro de la Iglesia católica), el arzobispo madrileño optó por un limitado apretón de manos y unas breves palabras.

Al romper el protocolo tradicional donde el resto de los obispos y autoridades sí se inclinan y besan el anillo del Pontífice, el gesto de Cobo puede ser interpretado como un desaire a la autoridad del Sucesor de Pedro y una ruptura visual de la obediencia eclesial.

El protocolo para saludar al Papa

Aunque el arzobispo madrileño no hizo el saludo tradicional para recibir al Pontífice, el protocolo para los ciudadanos católicos es el siguiente:

El saludo al Papa, más allá de ser una norma de cortesía secular, posee una profunda carga simbólica y teológica que representa la comunión, la unidad y la fidelidad a la Iglesia católica. Cuando un miembro del clero o un fiel realiza una reverencia o besa el anillo papal, no está rindiendo un culto de adoración al hombre, sino que está honrando la institución del papado como el sucesor de san Pedro y el Vicario de Cristo en la Tierra. Este gesto tradicional es una manifestación externa de la aceptación de la autoridad espiritual del Pontífice y un recordatorio de los lazos fraternos que unen a toda la comunidad eclesial global.