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El motivo por el que se quitan las tejas de los tejados en el País Vasco: hay una tradición centenaria detrás

Las tejas de los tejados en el País Vasco se quitan como algo relacionado con una creencia sobre las almas de los difuntos

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A simple vista puede parecer un detalle sin importancia si bien el hecho de ver una teja retirada en el tejado de un caserío antiguo podría confundirse con una reparación pendiente, el paso del tiempo o incluso con un desperfecto provocado por el viento. Sin embargo, en muchas zonas del País Vasco el que los tejados tengan tejas quitadas tenía, hace décadas, un significado mucho más profundo y estaba relacionado directamente con la muerte y con una tradición que pasó de generación en generación durante siglos.

La historia ha vuelto a despertar curiosidad después de que la divulgadora vasca @nahikarinu compartiera en redes sociales la explicación de esta antigua costumbre. Mucha gente descubrió entonces que aquello de quitar una teja en los tejados del País Vasco no tenía nada que ver con la construcción de la vivienda, sino con la creencia de que el alma de una persona fallecida necesitaba una salida para abandonar la casa. Puede sonar un poco extraño hoy en día, sobre todo en una época en la que muchas tradiciones rurales prácticamente han desaparecido, pero durante mucho tiempo este tipo de rituales formaron parte de la vida cotidiana en numerosos caseríos vascos y se realizaban con absoluta naturalidad, especialmente en pueblos pequeños donde las creencias populares seguían muy presentes.

El motivo por el que se quitan las tejas de los tejados en el País Vasco

Para entender esta tradición hay que ponerse en la piel de aquella sociedad rural, en la que el caserío no era simplemente una casa donde dormía una familia. Era el centro de toda la vida familiar. Allí se trabajaba, se nacía, se cuidaba a los mayores y también se despedía a los muertos.

Muchas generaciones crecían bajo el mismo techo y el caserío terminaba convirtiéndose casi en una extensión de la propia familia. Por eso existía una relación muy especial con la vivienda y con todo lo que ocurría dentro de ella. La muerte también se vivía de una forma distinta. Los velatorios se hacían en casa, los vecinos acudían a acompañar a la familia y muchas creencias populares seguían teniendo muchísimo peso. Entre ellas estaba la idea de que el alma del fallecido necesitaba abandonar el hogar para poder descansar.

De este modo y según establecía la tradición, cuando una persona se moría dentro del caserío se retiraba una teja de la cubierta para crear una pequeña abertura hacia el exterior. Ese hueco permitía, simbólicamente, que el alma pudiera salir de la vivienda sin quedarse atrapada dentro.

La explicación puede parecer muy lejana para la mentalidad actual, pero durante siglos muchas familias lo consideraron algo importante. El tejado se veía como el cierre de la casa, una especie de frontera entre el interior y el mundo exterior así que no existía esa apertura, algunas personas creían que el espíritu podía quedarse dentro del hogar.

Una tradición que todavía recuerdan algunas familias

Aunque hoy prácticamente ha desaparecido, todavía hay personas mayores que recuerdan haber escuchado hablar de esta costumbre en sus casas o en pueblos cercanos. En algunas familias incluso se mantuvieron ciertos rituales funerarios tradicionales hasta hace relativamente pocas décadas.

El País Vasco conserva una enorme herencia cultural ligada al mundo rural y muchas de esas tradiciones han sobrevivido gracias a la memoria oral. De hecho, buena parte de estas historias nunca llegaron a escribirse oficialmente y se transmitían simplemente de padres a hijos o entre vecinos. Por eso las publicaciones de divulgadores culturales en redes sociales están teniendo tanto impacto últimamente. Mucha gente joven descubre costumbres que apenas conocía y que forman parte de la historia cotidiana de sus propios pueblos.

En el caso de esta tradición, muchos usuarios reconocieron sentirse sorprendidos al descubrir que aquel hueco en algunos tejados antiguos podía tener un significado espiritual y no arquitectónico.

Las creencias sobre la muerte estaban muy presentes en la vida rural

La relación con la muerte era completamente distinta hace un siglo. En las zonas rurales se convivía con ella de manera mucho más cercana y los rituales tenían un papel fundamental para afrontar la pérdida. No sólo ocurría en el País Vasco. En distintos lugares de Europa existían costumbres parecidas relacionadas con abrir ventanas, cubrir espejos o realizar determinados gestos simbólicos cuando alguien fallecía en casa.

En el entorno vasco, sin embargo, el caserío tenía esa importancia especial y eso hizo que muchas creencias giraran alrededor de la propia vivienda. La casa protegía a la familia, pero también podía convertirse, según la tradición, en el lugar donde el alma quedara retenida si no encontraba salida. Por eso quitar una teja se entendía como una ayuda necesaria para facilitar ese tránsito.

Hoy la mayoría de estas prácticas han quedado atrás y sobreviven únicamente como parte del patrimonio cultural y etnográfico vasco. Aun así, siguen despertando muchísimo interés porque permiten entender cómo pensaban generaciones anteriores y hasta qué punto las creencias populares influían en la vida diaria.