País Vasco
Bilbao

Bilbao quiere construir un túnel gigante de 3,2 kilómetros que atraviese la ría de Nervión en una megaconstrucción que desafía las leyes de la ingeniería

Bilbao lleva tiempo dándole vueltas a un proyecto que va a dar que hablar. Se trata de un túnel bajo la ría del Nervión para conectar directamente ambas orillas y, sobre todo, quitar presión a uno de los puntos más saturados del territorio, el puente de Rontegi.

El proyecto no es nuevo del todo, ya que lleva años apareciendo en planes y debates sin llegar a arrancar del todo. Esta vez, sin embargo, parece que va en serio si bien la Diputación de Vizcaya ya ha dado pasos importantes, con contratos adjudicados por lo que las primeras máquinas podrían empezar a moverse este mismo verano en la Margen Derecha. La inversión es elevada, con más de 540 millones de euros, aunque los plazos largos ya que no se espera que esté terminado antes de 2032. Aun así, el planteamiento es el de ofrecer una alternativa real a quienes cada día tienen que cruzar la ría y se encuentran con el mismo problema de siempre.

Bilbao quiere construir un túnel gigante de 3,2 kilómetros que atraviese la ría de Nervión

El puente de Rontegi es sin duda una de las vías que acumula más tráfico en Vizcaya, con unos 175.000 vehículos que pasan por allí cada día, lo que lo convierte en un cuello de botella constante así que cuando algo falla, aunque sea mínimo, el efecto se nota en cadena y es fácil que se produzcan retenciones largas, accesos colapsados y vías cercanas que también acaban saturadas.

Por eso el túnel no es solo una obra más sino que es, en realidad, un intento de repartir mejor ese tráfico con la idea de que una parte importante de los coches deje de pasar por Rontegi y utilice este nuevo paso subterráneo, logrando así menos presión arriba y una circulación algo más fluida en general.

Cruzar la ría en cuatro minutos

El cambio que se plantea es bastante directo. Hoy, cruzar de un margen a otro puede convertirse en un trayecto largo si coincide con hora punta. No tanto por la distancia, sino por el tráfico, pero con el túnel, ese mismo recorrido podría hacerse en unos cuatro minutos ya que de los13 kilómetros actuales se pasaría a unos cuatro. Es una diferencia considerable, sobre todo para quienes hacen ese trayecto a diario.

El diseño incluye dos túneles paralelos, uno por sentido, con dos carriles cada uno y arcenes de seguridad. Nada especialmente llamativo en ese aspecto, pero sí pensado para soportar bastante volumen de tráfico. Además, estará conectado con vías clave de la zona, como La Avanzada o la A-8, lo que facilitará los movimientos en toda el área metropolitana.

Una obra compleja desde el primer metro

El túnel discurrirá hasta 45 metros por debajo del lecho de la ría y atravesará zonas con terrenos complicados, como los de Lamiako. Las obras empezarán en Artaza, un punto especialmente sensible si se tiene en cuenta que hay viviendas cerca, colegios, zonas verdes  y eso condiciona bastante cómo se puede trabajar. Por todo ello, para avanzar en el subsuelo se utilizarán microvoladuras controladas. No son explosiones grandes, pero sí requieren precisión. Se habla de más de 80 a lo largo de la obra.

El sistema elegido es el llamado «cut and cover», que consiste en abrir desde la superficie, construir y volver a cubrir. Es eficaz, pero también implica molestias en superficie mientras dura el proceso. De este modo, durante el día se concentrarán los trabajos exteriores, mientras que en el interior del túnel se trabajará sin parar, en turnos continuos.

Movimiento constante durante años

Otra imagen bastante clara de lo que supone esta obra está en los camiones. Se calcula que habrá unos 170 circulando cada día para retirar el material excavado. La cifra da una idea del ritmo que tendrán los trabajos.

En total, se moverán cerca de 1,8 millones de metros cúbicos de tierra. Parte de ese material se reutilizará en el Puerto de Bilbao, lo que al menos evita que todo acabe como residuo. A eso hay que sumar más de 21.000 toneladas de acero y es que no es una obra pequeña, ni mucho menos.

Entre los beneficios y las dudas

Desde la Diputación defienden que el túnel traerá mejoras claras. Menos atascos, menos consumo de combustible y una reducción de emisiones que estiman en unas 6.000 toneladas de CO₂ al año. Pero además calculan que se podrían ahorrar millones de horas en desplazamientos.

Pero no todo el mundo lo ve igual sino que hay críticas, sobre todo desde colectivos vecinales y grupos ecologistas. Algunos consideran que seguir apostando por grandes infraestructuras para coches no es el camino, especialmente en un momento en el que se intenta reducir su uso.

También se recuerda que en los primeros planteamientos se hablaba de incluir una conexión ferroviaria que finalmente se ha quedado fuera. Para muchos, eso habría cambiado bastante el enfoque del proyecto. Y luego están las preocupaciones más cercanas como son el ruido, el paso de camiones, las vibraciones o el impacto en edificios próximos. Pero desde la Diputación aseguran que habrá controles continuos y seguimiento técnico para evitar problemas, además de una oficina de atención para vecinos durante toda la obra.

Lo que está claro para todos es que el túnel bajo la ría no es una obra que vaya a pasar desapercibida. Ni por su tamaño ni por lo que implica. Si todo sigue el calendario previsto, todavía quedan años por delante, aunque el simple hecho de que haya empezado a moverse ya cambia el escenario.