Opinión

Victoria iraní: peaje en Ormuz

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Los días pares hay paz y los días impares nos encontramos al borde de la catástrofe. Así contemplamos la situación en el golfo Pérsico.

La guerra de Estados Unidos, Israel y varios países árabes contra Irán parecía hace unas semanas que entraba en una fase de estabilización, gracias a un memorándum de entendimiento. Pero ese pacto y las negociaciones se han vuelto a romper; en una parte por la conducta de Israel en Gaza y Líbano y en otra parte por las maniobras con que el régimen iraní hace bailar a Donald Trump.

Cuando este artículo se publique, quizás los negociadores de Washington y Teherán hayan alcanzado un acuerdo que se prolongue durante unas semanas, el petróleo siga bajando y las bolsas marquen nuevos máximos. O quizás no. Las pasmosas declaraciones de Trump en la cumbre del G-7 en junio de que las reservas de crudo de EEUU sólo abarcaban cuatro semanas más pueden haber sido un patinazo o una argucia. Nos hemos acostumbrado a vivir en una montaña rusa y algunos inversores en los mercados financieros están aprovechando las subidas y las bajadas para enriquecerse.

Dos son las enseñanzas de esta guerra absurda. Una, la capacidad de resistencia de la República Islámica, aunque sea al precio de miles de muertos y la destrucción de gran parte de su infraestructura. Otra, el poder de la geografía; o, dicho de otra manera, la fuerza de Irán para bloquear el estrecho de Ormuz y causar una crisis económica mundial. Ha nacido la «doctrina de aniquilación económica mutua asegurada». E Irán se está beneficiando de ella.

Aparte de las conversaciones entre EEUU e Irán, los iraníes mantienen otras con Omán, el sultanato que controla la boca sur del estrecho de Ormuz. Entre los acuerdos a los que se rumorea que han llegado ambos países está el de imponer o solicitar (según la fuente) una tasa a los buques que lo crucen. Antes de la guerra, la media diaria oscilaba entre 80 y 120 barcos: petroleros, gaseros y portacontenedores.

La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce el «derecho de paso en tránsito» por los estrechos naturales, que tiene que ser libre de cargas, aunque los peajes se permiten en los canales artificiales. Pero ni Irán ni Estados Unidos son firmantes de esta Convención. Además, existen algunas excepciones, como el Bósforo, con la excusa de que las autoridades turcas prestan determinados servicios (inspección sanitaria, balizamiento, faros…), que son obligatorios. En la actualidad, en estos estrechos, el precio, que no peaje, es de 6,7 dólares por tonelada neta.

Varias personalidades del régimen iraní han asegurado que desde hace meses, al menos desde abril, su país percibe peajes de los barcos que quieren atravesar Ormuz sin ser atacados por las lanchas, los drones y los misiles de la República Islámica.

Gracias a la torpeza de Estados Unidos, Teherán ha mostrado al mundo que puede interrumpir la navegación en Ormuz y, en consecuencia, está dispuesto a aprovechar su poder para recaudar dinero con el que financiar su reconstrucción y su rearme. Omán, como representante de los demás estados árabes del golfo Pérsico, se ofrece a abonar este «impuesto revolucionario», que encarecerá la factura que pagan los consumidores del mundo entero por los hidrocarburos. Semejante precedente podría iniciar una carrera entre los países ribereños de los cuellos de botella del mundo.

Mientras tanto las dos guerras que se están librando en Eurasia entre el bloque formado por Estados Unidos y sus aliados y el de Rusia con los suyos empiezan a acercar sus escenarios de combate y sus actores. A finales de julio, unos drones ucranianos atacaron uno o dos barcos iraníes (el número varía según la fuente) en el mar Caspio que habían zarpado del puerto ruso de Astracán.

Aunque Estados Unidos ha bloqueado los puertos iraníes, Teherán ha mantenido el comercio con Rusia a través del enorme lago que es el Caspio. Cinco estados se reparten, y no pacíficamente, la soberanía de sus aguas: Rusia, Azerbaiyán, Kazajistán, Irán y Turkmenistán.

Para comprender el polvorín en el que se está convirtiendo el Caspio, fijémonos en Azerbaiyán, que tiene frontera terrestre con Irán y está gobernado por otra dinastía republicana como los Assad sirios. Cuenta con el apoyo de la UE como suministrador de gas natural y es, además, el único país musulmán chiita que ha reconocido a Israel y colabora con éste en la vigilancia de Irán. Durante la guerra contra Irán que comenzó el 28 de febrero, la CNN reveló que el gobierno de Netanyahu desplegó, con el permiso de Ilham Alíyev, presidente desde 2003, comandos y unidades de inteligencia cerca de la frontera con Irán.

En España, en cambio, estamos pendientes de la playlist de Sánchez y de los vestidos de Letizia Ortiz.