El último cancelado
No es ningún escritor políticamente incorrecto, ni un académico rebelado contra las matemáticas con perspectiva de género, tampoco se trata de un científico que haya cuestionado alguna consigna sobre el cambio climático. No. El último cancelado ha sido, sencillamente, un camarero de una pizzería de Huesca. Y, su transgresión, identificar una comanda con la siguiente frase: “Mesa pareja chicas gitanas”. Cuando las clientas lo vieron y protestaron, la encargada les pidió disculpas, pero ello no bastó, pidieron el libro de reclamaciones y queja que te va.
Haber escrito eso convertía al joven camarero en un racista y, por qué no, también en un transfobo. ¿Cómo se le ocurrió decir que era una pareja “de chicas”? ¿Y si hubieran fluido antes de tomarse el pepperoni? Aprendamos la lección: más allá de que eran dos, y por ello, pareja, cualquier otra cosa que se diga, mejor delante de tu abogado, pues podrá ser utilizada en tu contra.
Decir que los calvos somos calvos o que los chicos tienen pene y las chicas vulva, puede llevarte al ostracismo o, como le pasó al joven camarero, a la p. calle.
Y eso es lo que pasó. Los de la pizzería rescindieron el contrato del chaval, que se encontraba en fase de prueba pues, según dijeron, lo ocurrido iba en contra de los valores de la empresa. Aquí tienes el finiquito y no olvides dejar tu gorra. Esas debieron ser las últimas palabras. Y, dado el motivo, no esperen que alguno de UGT o CCOO vaya a defenderle.
También el padre de una de las chicas ha dicho que “no es aceptable segregar o identificar a nadie por pertenecer a una etnia o a un colectivo o por tener unas características físicas determinadas». Y estoy de acuerdo al 50%, porque confunde identificar con segregar. Los propios gitanos se identifican como tales, a ellos mismos y a sus asociaciones. Y es que, si bien debemos combatir cualquier tipo de segregación, cómo vamos a identificar a una persona sin tener en cuenta características objetivas. Ya me explicarán cómo lo van a hacer en la policía cuando quieran localizar a alguien: “Mensaje a todas las unidades, se busca a persona”, dirán.
No veo que decir “pareja de chicas gitanas” sea segregador ni que sea una falta de respeto. Para ofender ya están otros términos o los sufijos peyorativos que aquel camarero no utilizó o, incluso el diferente tono en una conversación puede volver ofensiva una palabra neutra; pero la mera descripción, expresada con respeto y sin intención ofensiva no es segregadora. Aunque ya sabemos que todo esto es secundario. Si alguien quiere ser víctima tiene que sentirse ofendido, y cualquier excusa vale. Así, si nuestro cancelado hubiera puesto mesa de chicas nórdicas o noruegas, nada hubiera pasado porque, hoy por hoy, las vikingas no están en el catálogo woke de víctimas y ofendidos. Si hubiera puesto mesa de las chicas morenas o norteafricanas, ya estaría la cosa liada y el camarero en el INEM.
La pertenencia a cualquier raza no debe ser objeto de estigma y comprendo las susceptibilidades de muchos gitanos a los que se dificulta su inclusión y que luchan por liberarse de tantos prejuicios que su raza arrastra desde hace siglos. Y seguro que muchos de ellos podrían dar numerosos ejemplos en los que se da una segregación real que debería ser eliminada. Pero me temo que, en este caso, aquella pareja de chicas y la pizzería se han pasado de frenada. Y eso no ayuda.
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