Un talibán del independentismo
Quim Torra está demostrando ser un auténtico talibán del independentismo. Dice el diccionario de la Real Academia en su segunda acepción que la palabra ‘talibán’ significa “fanático intransigente”. Una definición justa para el desempeño del recién estrenado president de la Generalitat. Los más de 400 artículos que escribió antes de coger las riendas de Cataluña están preñados de xenofobia y supremacismo. Entre su concatenación inacabable de barbaridades, otra más: “Quiero un president de la república catalana intransigente, paramilitar y feroz”. Eso decía antes de ocupar su cargo. Ahora, aposentado en el sillón de poder, sigue en sus trece. Jura el cargo sin bandera de España, sin foto del Rey y sin acatar la Constitución. La justicia española ha de tener un ojo vigilante sobre él. Escrutar cada uno de sus movimientos y procesarlo en cuanto viole la legalidad vigente.
El títere de Carles Puigdemont en el Parlament ya ha dicho que piensa restituir al sedicioso Josep Lluís Trapero al frente de los Mossos. Del mismo modo, considera que el golpe de Estado que se consumó el pasado 1 de octubre fue un “bellísimo delito de sedición”. España no debe ni puede permitir esta onerosa exaltación de la ilegalidad por parte de un cargo público. Por mucho que Torra escribiera estas palabras antes de ser investido, el pensamiento de entonces permanece en la persona que es ahora. Lo decían los senadores de la antigua Roma —padres del derecho y la política moderna— con quirúrgica exactitud: “Verba volant, scripta manent”. La evidencia de que las palabras vuelan y lo escrito permanece se personaliza en el propio Quim Torra.
Lejos de aminorar el tono o pedir disculpas por el fondo xenófobo de sus artículos, ha seguido echando gasolina al fuego separatista. Así, aquella frase en la que definía a los españoles como “bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN” no es más que la explicación de por qué apoya a los violentos CDR, su aliento a los mossos golpistas o sus exigencias de un diálogo-chantaje al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pero sin exigencias. Un hombre así es sinónimo de catástrofe y enfrentamiento civil en Cataluña. Un peligro público que la justicia tendrá que vigilar muy de cerca para actuar ante el primer indicio de ilegalidad.
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