Suspenso a la castuza universitaria
Juan Carlos Monedero pulula entre la política y la enseñanza como una suerte de pontífice populista que sermonea y alecciona a todos y por todo. El ideólogo de Podemos, sin embargo, vive instalado en la oceánica contradicción que separa sus acciones de las meras palabras. Este autoproclamado adalid de la nueva política, la transparencia y la limpieza institucional, vuelve a rendir cuentas a una institución pública por hacer las cosas de manera irregular. Si ya tuvo que pagar 200.000 euros para evitar una sanción fiscal por parte de la Agencia Tributaria, ahora es la Universidad Complutense la que lo castigará debido a aquellos ingresos de 425.150 euros que cobró por asesorar a varios gobiernos bolivarianos entre los que estaban Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Monedero estará suspendido de empleo y sueldo durante seis meses y tendrá que devolver algo más de 40.000 euros, el equivalente al 10% que le pagó el Banco del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) que en aquella época estaba controlado por el dictador Nicolás Maduro.
El politólogo no avisó de este trabajo —que nunca vio la luz— hasta que el caso se hizo público, violando así la ley de compatibilidad de la Universidad Complutense de Madrid. Una actuación que constituye un hábito en él: tan sólo da explicaciones cuando no le queda más remedio. Así lo hizo con su declaración de la renta y así lo ha vuelto a hacer con sus problemas docentes. Un hombre acostumbrado a pontificar con sus palabras y, después, a hacer todo lo contrario. Monedero es una figura indispensable para entender la casta universitaria que controla Podemos. Paradójicamente, y a pesar de ser la base de la formación morada, el contexto universitario ha propiciado varios escándalos en el partido dirigido por Pablo Iglesias. Al caso del ínclito Monedero hay que sumar los 17.000 euros que Bescansa cobró de la Complutense por asesorar a Podemos o la beca en la Universidad de Málaga de Íñigo Errejón, que ingresó 1.800 euros al mes durante un año por no ir a trabajar. Hechos que, una vez más, definen tanto a Podemos como a las personas que, dentro o fuera del partido, mueven sus hilos.
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