Tras siete años de cacería de la izquierda, la Justicia exonera a Esperanza Aguirre
El juez decide archivar la imputación de Esperanza Aguirre por ‘Púnica’ tras 7 años de investigación
El juez que instruye el caso Púnica, Manuel García-Castellón, dejará fuera a la ex presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre del auto de pase a procedimiento abreviado (equivalente al procesamiento) tras dar por finalizada la pieza separada número 9 en la que se investigaba la posible financiación irregular de campañas del PP madrileño con dinero de empresas que resultaban adjudicatarias de contratos públicos. Así que, siete años después de que el juez abriera la pieza separada sobre Púnica y tres desde que fuera imputada, Esperanza Aguirre queda exonerada. La decisión del juez se produce tras considerar la Fiscalía Anticorrupción que no hay pruebas para enviarla al banquillo. Ahora, su horizonte penal queda despejado, pero nadie va a reparar el daño causado.
La ex presidenta madrileña declaró el 18 octubre de 2019 ante el juez y durante el interrogatorio acusó a las fiscales Anticorrupción Teresa Gálvez y Carmen García Cerdà de «arruinar la vida de las personas». No le faltaba razón, porque Esperanza Aguirre ha tenido que soportar una campaña de demolición personal promovida por dos fiscales con un desmedido afán de notoriedad que quisieron hacerse famosas esparciendo sombras de duda sobre la ex presidenta madrileña. No estaban solas, porque la izquierda y sus terminales mediáticas se emplearon a fondo para extender la idea ignominiosa de una interesada presunción de culpabilidad. Ahora, la justicia exculpa a Aguirre, aunque el daño ya está hecho. La hipocresía de la izquierda no conoce límites. Durante años se cebó en la figura de Esperanza como si fueran hienas. Poco les importó poner en entredicho la honorabilidad de la dirigente del PP, a la que de forma miserable y sin pruebas colocaron en el centro de una trama de corrupción. Igual que hicieron con Rita Barberá. Han tenido que pasar siete años para que Esperanza Aguirre encuentre, por fin, el triste consuelo de quedar exonerada. Triste, porque durante todo este tiempo las hienas se encargaron de hacerle la vida imposible. Por cierto, ¿qué dirán ahora las hienas? Pues muy sencillo: seguirán haciendo exactamente lo mismo.
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