Los Presupuestos no pueden estar por delante de los valores
Los Presupuestos Generales del Estado ni pueden ni deben aprobarse a cualquier precio. El Partido Popular ha de ser consciente de ello, porque de lo contrario corre el riesgo de dar aliento y legitimidad a las proclamas que pretenden socavar nuestra Constitución y partir la unidad de España en mil partes. Algunas concesiones comienzan por infravalorar la importancia del lenguaje y acaban instaladas como dogmas en la sociedad. Radicales como los batasunos o los independentistas catalanes comienzan a ganar la batalla social cuando logran imponer su peligrosa propaganda a través de las palabras. Uno de los mayores genios filosóficos y económicos de la historia, Adam Smith, decía: «El lenguaje es el gran instrumento de la ambición humana». Así lo conciben los radicales del País Vasco y también los de Cataluña. Por eso tratan de imponerlo en los medios de comunicación, la educación, la sanidad y, por supuesto, la política.
Vías de transmisión muy potentes todas ellas a través de las cuales adoctrinan a mayores y niños. No obstante, lo más preocupante es que las formaciones constitucionalistas, en lugar de combatirlo, se acerquen hasta la connivencia a ese lenguaje capcioso, sesgado y doctrinario. Así le ha sucedido al Partido Popular en el Senado. Con tal de ganarse el apoyo del Partido Nacionalista Vasco para aprobar los Presupuestos Generales del Estado se ha aproximado al lenguaje batasuno que intenta equiparar en «derechos humanos» a los asesinados por ETA y a los propios asesinos. Se equivoca gravemente el PP, ya que de esta forma da la espalda a las que deberían de ser dos de sus señas de identidad más definitorias: la unidad de España y el respeto inexcusable a las víctimas del terrorismo. Contemporizando el lenguaje de los que han utilizado el terror para tratar de imponer sus ideas políticas en el País Vasco se traicionan a sí mismos y a buena parte de su electorado.
Votantes que, en gran número, apoyaron al PP para que mantuviera a raya a los enemigos de nuestro Estado de Derecho. De ahí que la aprobación de las cuentas públicas no pueda ser un cheque en blanco para el PNV —que ya ha mostrado su cercanía con las aspiraciones de los golpistas catalanes en varias ocasiones— ni para cualquier partido nacionalista o independentista. De otro modo, el pan de hoy para que el Partido Popular pueda acabar la legislatura se convertirá en los problemas del mañana para todos los españoles. Necesitamos que el Ejecutivo actúe con responsabilidad —como ha hecho tantas veces— y no con afán cortoplacista. Por muy perentoria que sea para todos la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, no debe estar en ningún caso por encima de los valores. Por supuesto, tampoco puede desembocar en prebendas a los etarras encarcelados ni mucho menos en un hipotético acercamiento de dichos presos. Hay que ser siempre muy cuidadosos con las concesiones que se le hacen a cierto tipo de lenguaje. En muchas ocaciones, puede significar la antesala de una trampa mayor y aún más grave.
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