Opinión

Los precios siguen siendo un problema

La subida de precios sigue empobreciendo a la población, especialmente a la clase media. Así, aunque la inflación en enero se sitúe, según el indicador adelantado, en el 2,4% interanual, que aunque es medio punto menor que en diciembre, los datos muestran una resistencia a la baja de la inflación estructural, que refleja que la inflación sigue subiendo, siendo la rebaja interanual un mero efecto base.

Este dato ha sido calculado con la nueva base 2025, pero no se dispone todavía en el INE de unos coeficientes de enlace con la base de 2021, para poder realizar la comparación oportuna y el efecto de dicho cambio de base.

Esa resistencia estructural se concreta en la resistencia al alza de la subyacente, que se mantiene en el 2,6% interanual. Al ser la subyacente la inflación más estructural, al eliminar de ella los componentes más volátiles, muestra que todavía hay cierta resistencia a la baja en los precios, acelerándose más los que tienen un componente menos volátil, de manera que la merma del poder adquisitivo no es pasajera.

Aunque mensualmente se produzca un alivio en enero, al descender en términos intermensuales un 0,4% el índice general y un 0,5% la subyacente, se consigue después de fuertes subidas mensuales en los tres meses anteriores: en diciembre, tuvo una subida intermensual del 0,3%, tras haber subido un 0,7% en octubre, y un 0,2% en noviembre, mientras que la subyacente también sube en términos intermensuales, un 0,4%, tras hacerlo un 0,5% en octubre y un 0,1% en noviembre.

Hay, por tanto, un mantenimiento de la tendencia alcista pese a este respiro de enero con un IPC armonizado con la UE del 2,5% interanual en enero, que lleva a que la evolución de los precios en España esté medio punto por encima del objetivo de precios del BCE.

Adicionalmente, podemos comprobar cómo los impuestos elevan los precios, ya que el IPC a impuestos constantes de diciembre -último dato disponible a impuestos constantes- se situó en un 2,6% interanual, 3 décimas menos que el IPC de dicho mes, con lo que sólo las subidas de impuestos están elevando los precios en casi medio punto interanual en este mes. De no haber subido los impuestos, la presión sobre los precios sería, por tanto, alrededor de casi medio punto menor.

Lo grave además es que estos ritmos de crecimiento de inflación se producen sobre niveles de precios muy elevados alcanzados en los meses anteriores, con lo que sigue mermando el poder adquisitivo de los agentes económicos. La acumulación del deterioro de dicho poder adquisitivo es intenso y los agentes económicos han ido gastando sus ahorros y ajustando su cesta de la compra. Es cierto que la rebaja de tipos puede dejarles algo de renta disponible si tienen financiación a tipo variable y se la revisan, pero esa mayor laxitud en tipos puede traducirse en un repunte mayor de la inflación, que es preocupante.

Todo ello, hace que desde que gobierna Sánchez la inflación haya subido un 23,17%, mientras que la subyacente, durante su mandato, lo haya hecho un 20,43%.

Además, la preocupante evolución del crecimiento económico, basado en el gasto público (que ha expulsado a la inversión en gran parte), ha tensado los precios al alza durante mucho tiempo, con riesgo de rebrote inflacionista por los acuerdos arancelarios, que aunque se haya llegado a un pacto no deja de ser un elemento que subirá los precios. Además, dichos acuerdos arancelarios con EEUU no terminan de estar claros nunca, con muchos sectores que pueden verse muy penalizados, como ahora con el asunto de Groenlandia y la nueva amenaza arancelaria.

Somos más pobres, con una clase media cada vez más empobrecida, con toda una generación que, por primera vez en décadas, va a vivir peor que sus padres. Ése será el triste legado económico de Sánchez: las revisiones hacia arriba del PIB con la metodología de Calviño, confesada por ella en sus memorias, no pagan facturas; la economía real de los ciudadanos ve cómo cada vez puede afrontar sus gastos con menor amplitud, porque su poder de compra ha caído, porque se han empobrecido, y eso no hay nadie que pueda esconderlo; simplemente, basta con observar la vida cotidiana de los ciudadanos en el supermercado, donde es más palpable.

Carestía de la cesta de la compra, impuestos confiscatorios y cotizaciones asfixiantes empobrecen a una clase media que, a este paso, se irá alejando cada vez más de los estándares de nivel de vida que caracterizan a dicha clase media, cosa que sería, de confirmarse, letal para la propia evolución económica española, pues una economía necesita de una potente y próspera clase media para crecer de manera sana y equilibrada, pero la política económica de este Gobierno -y a Dios gracias que no tiene las competencias en política monetaria- intensifican ese empobrecimiento con el desbordante gasto público, los impuestos y las cotizaciones, antes mencionados. Están estrangulando a la economía y a los ciudadanos.