Monedero sale a escena cada vez que el ‘Pablismo’ se tambalea
Juan Carlos Monedero tiene hábito de mal político, aunque él diga que es sólo profesor. Quizá porque al no ser nada se afana en intentar ser algo —aunque sea ¿enfant? terrible— y, al final, sólo redunda en su fracaso como el representante público que nunca fue y que nadie quiere que sea. Por eso se mete en camisa de once varas siempre que se trata de darle soporte al chico de la coleta. Cinco minutos de gloria y voluntad de apoyar a Iglesias cuando el Pablismo se tambalea. Sabe que si su amado líder es derrocado, su escasa influencia también será derrocada. De ahí que el antiguo asesor del chavismo, vetusto en su edad, en sus principios y en su manera de ir por el mundo, prefiera que la democracia interna de la formación morada sea un recurso retórico para los mítines antes que una realidad práctica.
Mucho hablar de «antiguo régimen» para referirse a España, pero entre sus apariciones en los medios y la gestión de su amigo Iglesias al frente del partido han conseguido que una formación con sólo cuatro años de vida tenga todos los vicios heredados de la viejísima política. Nada pertenece al terreno de la casualidad. Entre los fieles a Errejón saben, y así se lo dicen a OKMACUTO, que cada vez que intenten un asalto al trono del caudillo Iglesias, Monedero se les tirará a la yugular con el verbo afilado como una faca manchega. Podemos ya es más conocido entre los españoles por sus peleas arrabaleras y su sangría de votos que por ser una opción creíble para construir la España del siglo XXI.
«Nueva política», ha dicho hasta el dolor de lengua, pero en menos de 24 horas, Monedero ha salido frente a los focos y ante los micros para llamar lastre a una compañera y «mala política» a otra. ¿Conclusión? Con semejante lío entre unos y otros, demuestran que no están ni para gobernar el cuarto de las bicis de su propia sede. Además, la Universidad de Málaga le ha enmendado la plana a Errejón —ya de primarias— después de decir que «no puede volver» por allí. Al final, entre los deméritos de sus contrincantes y el peloteo constante de Monedero –dice que Iglesias ha solventado el conato de nueva rebelión de «manera virtuosa»— lo cierto es que el secretario general parece destinado a perpetuarse en el Trono de Hierro de Podemos. Un Trono de Hierro que, por otra parte, acabará devorado por el óxido cuando en los próximos comicios electorales su legión de desencantados les digan: «¡No se puede!». Iglesias seguirá como rey, y Monedero a su lado, pero ambos serán rey y chambelán del reino de la nada.
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