Opinión

Lo que de verdad le importa al Saunas

A las 9:21 de la mañana del miércoles 24 de abril de 2024, el gabinete de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid envió un correo electrónico a los medios de comunicación confirmando oficialmente una información que había sido publicada unas horas antes, según la cual «el Juzgado de Instrucción nº 41 de Madrid, con fecha 16 de abril de 2024, ha incoado diligencias de investigación por la presunta comisión de los delitos de tráfico de influencias y corrupción en los negocios contra Begoña Gómez, tras recibir por reparto ordinario una denuncia de Manos Limpias. Las diligencias de investigación están declaradas secretas».

No habían pasado ni cinco minutos cuando Pedro Sánchez, más conocido como El Saunas en los ambientes, se puso de pie en su escaño del Congreso de los Diputados, durante la sesión de control al Gobierno, y dijo: «En un día como hoy y con las noticias que he conocido, a pesar de todo, sigo creyendo en la Justicia de mi país». Esa misma tarde, sobre las 19:00 horas, el presidente del Gobierno publicó en su cuenta de X la ya famosa «carta a la ciudadanía» de un hombre profundamente enamorado… de sí mismo. En su epístola, el Saunas fingía ser la víctima llorona «de una operación de acoso y derribo por tierra, mar y aire» con la que «la derecha y la ultraderecha política y mediática» pretenden hacerle «desfallecer en lo político y en lo personal atacando a mi esposa», y anunció que se tomaba unos días de vacaciones pagadas para reflexionar sobre su futuro.

Jueves, viernes, sábado y domingo. Apenas un par de días laborables unidos al fin de semana fue lo poco que necesitó Pedro Sánchez para comunicar, en una declaración institucional en La Moncloa, que «he decidido seguir», presentándose como víctima de una «campaña de descrédito». Atacó a la prensa, anunció reformas judiciales y, presuntamente, encargó al imputado Santos Cerdán que pusiera en marcha la cloaca del PSOE, encomendando a la fontanera Leire Díez que buscara información contra jueces y fiscales con la que intentar frenar todas las investigaciones judiciales que afectan a su entorno. Todo resuelto y en marcha en los cinco días que van del miércoles 24 de abril al lunes 29.

Por el contrario, Pedro Sánchez ha tardado los 27 días que van desde la invasión de Ceuta, ocurrida los días 30 y 31 de julio, hasta hoy, 25 de agosto, cuando ha convocado al Consejo de Seguridad Nacional (CSN), declarando, casi un mes tarde, una «situación de interés para la seguridad nacional», que le permite otorgar el «mando único» de esta crisis al ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres.

El CSN de España se creó en 2013, sustituyendo a la anterior Comisión Delegada del Gobierno para Situaciones de Crisis, y entre sus funciones está «recabar y analizar la información que permita tomar las decisiones necesarias para dirigir y coordinar la respuesta ante las situaciones de crisis». Situación de crisis bajo la que los ceutíes han vivido 27 días antes de que El Saunas reaccionara.

Cinco días para evaluar, decidir y reaccionar ante la crisis personal que le supuso a Sánchez la imputación de su esposa y un mes para actuar ante la crisis migratoria de Ceuta. Durante estos 27 días, Pedro Sánchez ha buceado, ha agasajado en el Palacio Real en el que veranea a sus amigos y familiares, y ha compartido a través de sus redes sociales la playlist con sus canciones favoritas para el verano. Mientras tanto, en Ceuta, han muerto más de 100 personas ahogadas de las más de 100.000 que nos intentaron invadir, más de 80.000 de las cuales lo consiguieron y más de 10.000 aún permanecen en una ciudad autónoma que han convertido en un estercolero insalubre e inseguro. Cinco días para reaccionar ante lo que le afecta en lo personal y un mes para hacer algo cuando los afectados son otros: el narcisismo y la psicopatía de la tríada oscura.