Lo que no es «legítimo» es utilizar de forma bastarda el poder político para tratar de cerrar OKDIARIO
Pablo Iglesias asegura que la «crítica al poder mediático es tan legítima como la crítica al poder político». Es un argumento de apariencia -solo de apariencia- irreprochable, pero -viniendo de quien viene- es propio de un recalcitrante sectario y de un petimetre inmoral. ¿Por qué? Primero, porque el «poder mediático» al que se refiere, de existir, no lo encarna Eduardo Inda ni OKDIARIO, sino las terminales mediáticas del Gobierno socialcomunista del que forma parte Pablo Iglesias. Y segundo, porque lo que está ocurriendo es que el poder político -o sea, él- ha diseñado una estrategia de aniquilación de un periodista y un medio de comunicación sirviéndose, precisamente, de su totalitaria concepción del poder.
Una cosa son los insultos de Iglesias, de los que nos sentimos muy honrados, y otra, muy distinta, es su siniestro plan de destrucción personal y empresarial de Inda y OKDIARIO. Eso no es que sea ilegítimo, sino que entra de lleno en el terreno delictivo. Su campaña de estigmatización de los periodistas críticos es abyecta, pero dado que él es el vicepresidente segundo del Gobierno constituye, además, un intolerable abuso de sus funciones gubernamentales
Lo que está haciendo Iglesias es servirse torticeramente de los instrumentos del poder político para cercenar la libertad de expresión y de información de un medio de comunicación. Eso constituye una violación flagrante de la Constitución. Es lo que hacen los dirigentes de los regímenes totalitarios: pervertir los instrumentos del poder ejecutivo para maniatar, silenciar o cerrar a los medios críticos.
Esa es la clave: lo de menos son sus insultos, pues lo auténticamente grave es que sus insultos han venido acompañados de un bastardo plan consistente en denunciar de manera falsaria a Eduardo Inda y OKDIARIO de estar detrás -en connivencia con las «cloacas del Estado»- del robo del teléfono móvil de su ex asesora Dina Bousselham. Las investigaciones judiciales han confirmado que OKDIARIO se limitó a publicar un mensaje filtrado en el que se reflejaba la catadura moral del líder de Podemos, que ha sido desposeído de su condición de perjudicado en la causa para pasar a ser sospechoso de varios delitos, pues fue él quien se apoderó de la tarjeta de su ex asistente y fue él quien se la entregó, meses después, completamente destruida. Ese es el personaje. Ese es el vicepresidente segundo del Gobierno de España.
Sus insultos hacia Eduardo Inda y OKDIARIO no hacen otra cosa que retratarle, pero aquí la cuestión de fondo es otra: sobre Pablo Iglesias pende la sombra de un horizonte penal. No por insultar, sino por delinquir sirviéndose de su poder político.
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