Lo que hay que hacer es romper con Podemos, no revisar los pactos
El enfrentamiento entre Nadia Calviño y Yolanda Díaz a cuenta de la reforma laboral y la decisión tomada-tarde, mal y al borde del delito de desobediencia- por la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, de dejar sin escaño al podemita Alberto Rodríguez tras ser inhabilitado por el Tribunal Supremo por patear a un policía han desatado las hostilidades en el seno del Gobierno socialcomunista. Socialistas y podemitas se han reunido para revisar los pactos de Gobierno y trasladar una posición común. El problema, que nadie se equivoque, no está en los pactos de Gobierno, sino en el Ejecutivo en sí.
Y es que es imposible gobernar con un partido que ha hecho bandera de su ofensiva contra las instituciones del Estado, desde la Corona al Tribunal Supremo. Podemos es incompatible con la democracia y el régimen constitucional. Así de claro. Y lo que resulta inaceptable es que Pedro Sánchez uniera su destino a un partido que, además, nació como correa de transmisión del populismo bolivariano. Su objetivo, por eso le pagaron regímenes como el de Venezuela, Bolivia o Ecuador, era acabar con la democracia española. La situación política española es una tragedia, porque el socialismo se ha puesto en manos de una camada de populistas, golpistas y proetarras que han llevado al país a una situación límite.
¿Cómo es posible que la mismísima presidenta del Congreso de los Diputados se prestara durante días a la estrategia de desacato promovida por Podemos para salvar el pellejo político de un diputado inhabilitado por patear a un policía? Meritxell Batet tuvo que inhabilitar al diputado Rodríguez después de la seria y reiterada advertencia del Supremo. ¿Qué pretendía Batet? Las desavenencias entre las ministras Calviño y Díaz serían normales si el Ejecutivo fuera normal, pero el problema de fondo es que la permanencia de Podemos en el Ejecutivo de Pedro Sánchez es un riesgo sistémico para el Estado de Derecho y una amenaza para el entramado institucional que conforma nuestro sistema democrático.
Socialistas y podemitas se reúnen para revisar el pacto de Gobierno cuando lo que España necesita es que ese pacto se rompa por el bien del interés nacional. Ese que Sánchez ha colocado muchos metros por debajo de su interés personal. Esa, y no otra, es la tragedia de España.
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