La izquierda convierte una zafiedad en un delito de odio
Las alumnas del Santa Mónica defienden a los chicos del Elías Ahuja: “Es una broma, no nos ofende»
Expulsados varios estudiantes del colegio mayor por los gritos machistas a sus compañeras
Resulta sorprendente la capacidad de la izquierda y sus terminales mediáticas para convertir en un escándalo de dimensiones colosales el zafio comportamiento de un grupo de jóvenes de un colegio de mayor de Madrid que vertió expresiones soeces contra las jóvenes de un colegio mayor universitario próximo. Por supuesto que las expresiones utilizadas son inaceptables y merecen el más severo reproche, pero descontextualizarlas para utilizarlas como arma política al servicio del ultrafeminismo cargando, de paso, malintencionadamente, contra la derecha revela hasta qué punto la izquierda sólo ve delitos de odio cuando le interesa. El comportamiento de estos mozalbetes merece ser censurado, pero lo ocurrido -los gritos e insultos zafios contra las jóvenes del colegio mayor próximo- forma parte de una estúpida tradición que se califica por sí sola y es necesario acabar de inmediato, pero de ahí a considerar que estamos ante un delito de odio hay un trecho muy largo.
Sobre todo, porque han sido las propias jóvenes del colegio mayor las que han manifestado que no se sintieron ofendidas al tratarse de algo habitual que forma parte de una broma -de mal gusto, está claro- que se perpetúa año tras año. O sea, que las presuntamente agredidas en su dignidad como mujeres le quitan importancia y subrayan que las cosas se han sacado de quicio. En estas circunstancias, que la Fiscalía investigue si estamos ante un delito de odio resulta sospechoso, porque el Ministerio Público exhibe una peligrosa doble vara de medir. Otegi hace dos días enaltece a un etarra fallecido y la Fiscalía no observa indicio alguno de apología del terrorismo, pero ahora investiga si los jóvenes del colegio mayor madrileño cometieron un delito de odio, mientras la izquierda y las terminales mediáticas los presentan ante la opinión pública como peligrosísimos hijos de papá, referentes de la ultraderecha más reaccionaria, que están sembrando la semilla de la violencia contra las mujeres. La hipocresía de la izquierda no tiene límites: la misma que sale en defensa de Mónica Oltra cuando la justicia le imputa un delito de encubrimiento de su ex marido, abusador sexual de una menor, ha encontrado ahora en el comportamiento zafio y estúpido de unos jóvenes el motivo perfecto para montar una nueva campaña.
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