Opinión

Hemos de cerrar TV3

Vox y PP deberían llevar, como uno de los principales puntos de su programa electoral para las próximas elecciones autonómicas catalanas, el cierre de TV3 y Catalunya Ràdio. De entrada, se ha de despedir a todos sus trabajadores, dado que han sido cómplices en su conversión en herramientas de propaganda a favor de expandir odio y rencor entre los catalanes. Apenas levantaron la voz ante todos los excesos cometidos durante el ‘procés’ y han sido los ejecutores de una política que ha convertido a la radio y a la tele pública en el juguete del nacionalismo. A día de hoy, los propagadores de expresiones de odio como «puta España» siguen siendo estrellas de la cadena de la Generalitat.

Por supuesto, habría que recolocar en otras administraciones públicas a los trabajadores que tengan derecho a ello e indemnizar, según marque la ley, al resto. Porque los constitucionalistas tenemos que hacer las cosas legalmente, no como el separatismo —o el PSC—, que cumple las leyes según le interese o no. A partir de ese momento, tocaría abrir un debate en la sociedad catalana sobre la conveniencia o no de tener medios públicos que sirvan a todos los catalanes, y no solo a una parte y contra la otra.

Si hubiera un consenso entre los partidos políticos, debería presentarse una propuesta que debería ser aprobada por el 90 % de los miembros del Parlament, mayoría reforzada que debería ser la misma para la renovación de sus órganos de gobierno. También sería necesaria la misma mayoría para la redacción del libro de estilo de los medios públicos —de obligado cumplimiento—. Si no hay un consenso amplio, no se debería refundar ni TV3 ni Catalunya Ràdio.

Y es que, dada la contaminación nacionalista en la profesión periodística de Cataluña, no basta con elegir unos órganos de gobierno con mayoría reforzada. Una vez escogidos, podrían tener la tentación de dejarse tentar por los cantos del nacionalismo, así que los presupuestos anuales de los medios de comunicación de la Generalitat deberían votarse cada año de manera separada y requiriendo la misma mayoría —habría que buscar el encaje legal para poder llevarlo a cabo—.

Por supuesto, la lengua española debería tener una presencia normalizada en los medios de la Generalitat, bien siguiendo el modelo de los medios de comunicación públicos vascos (el primer canal de la televisión pública es en euskera y el segundo, en español), o alternando catalán y español en todos los medios. Pero ya está bien de considerar a los catalanes castellanoparlantes, que también pagamos TV3 y Catalunya Ràdio, como ciudadanos de segunda clase.

Hace unos años, en una entrevista, Jordi Cañas —uno de los referentes políticos en la lucha contra el separatismo catalán— me dijo: «Quiero que un día mi madre ponga TV3 y no se sienta ofendida o sienta que esa no es su televisión, y ella no sentirá que no sea su televisión porque se hable en catalán. Solo espera que se la trate con respeto, el problema no es el idioma que se usa, la cuestión es qué se dice». Yo añadiría que también es importante el bilingüismo en TV3, lucha en la que Cañas también destacó. De eso se trata, de tener unos medios que respeten a todos los catalanes, tanto en lo que se dice como en el idioma en que se dice. Pero mientras no sea así, ni un céntimo para propaganda secesionista. Ojalá PP y Vox se tomen este tema en serio, tanto desde el Gobierno de la Nación, cuando lleguen, como desde el Parlamento catalán. Confío mucho en ellos, porque el control que hacen de la actuación de los medios públicos en la cámara autonómica es de denuncia constante. Ahora hay que dar el siguiente paso.