El fuego nos ha jodido las vacaciones
25 de julio, día de Santiago, Patrón de España y también de San Jaime (el día de mi santo ¡que vaya día!): 19:56 horas. Comienzo a oler a humo. Frente al porche de mi refugio vacacional no sólo llega ese olor sino que también veo una espesa niebla sobre la Sierra de San Vicente, concretamente en El Piélago, procedente de la sierra de Gredos, donde han confluido los incendios de tres comunidades: Castilla La Mancha/Castilla y León y Madrid.
20:30 horas. La nube avanza hacia nosotros de forma preocupante y tanto Carmen como yo empezamos también a preocuparnos. Intentamos hablar con la vigilancia y no hay forma de comunicarse. Líneas bloqueadas. Finalmente lo conseguimos a las 23:00 horas. No hay buenas noticias aunque todavía nuestra zona no está afectada … «por el momento».
De repente, a las 23:15 horas recibimos una alerta. Un aviso. Una alarma. Tenemos que abandonar la zona inmediatamente. Preparamos, yo con más calma, Carmen un poco nerviosa, lo más necesario: ordenador, tableta, unos medicamentos, documentación y listos para volver a Madrid.
Antes de salir disparados, doble comprobación. Llamada a unos amigos, Ernesto y Ana, que viven en la zona, y quienes a su vez han hablado con el Ayuntamiento del pueblo cercano, comunicándoles que todavía hay que esperar.
Finalmente, llamamos al 112, a las 23:37 horas, que nos indican esperar todavía, y estar pendientes del teléfono, aunque… «por el momento, la cosa estaba grave, pero no gravísima (¡Ay! esa palabra que tanto o nada puede significar). Digamos que nos tranquilizamos, teléfonos en las mesillas y esperamos, toda la noche casi en vela, una llamada, la alerta que, afortunadamente, esta vez nunca llegó. Al día siguiente, todo estaba cubierto de una espesa capa de ceniza blanca y también de pavesas, en este caso negras como el carbón.
El ambiente irrespirable, la casa cerrada a cal y canto y llamando a nuestros queridísimos amigos Alberto y María Dolores Alonso, para que nos acogieran en su lugar de vacaciones veraniegas, en Agramón, pedanía del municipio de Hellín, en la provincia de Albacete. Porque regresar a Madrid, lugar donde vivimos, no era muy aconsejable por la contaminación que existía.
Por todo ello, a mí, personalmente, el fuego, esa reacción química de oxidación rápida llamada combustión que libera calor y luz, que amenazaba mi entorno, ya me había jodido las vacaciones. Y no solo las mías, sino también las de todos aquellos que se habían visto obligados a abandonar sus hogares. O quedar confinados.
En las provincias de Ávila, Toledo y Madrid, miles de acogidos, incluso en Talavera de la Reina. Y en España «por el momento» casi 80.000 personas evacuadas y 92.000 confinadas. Con toda esta tragedia encima, podemos ver cómo el factor humano no deja de sorprendernos y, en esta ocasión, para bien, como el alcalde de Iglesuela del Tiétar, Víctor Eduardo Elvira, que ha estado 50 horas sin dormir para proteger a su pueblo de las llamas, por un lado y por otro dejando casi vacía la tienda del pueblo para poder alimentar a todos aquellos vecinos que llegaban de Piedralaves y La Adrada. «Venían llorando». No era para menos.
El ruido ensordecedor de helicópteros y, sobre todo, de los hidroaviones cogiendo el agua del pantano de Cazalegas, muy cercano a nosotros, era la música de fondo de estos días interminables y nefastos. Todo se alteraba: los silencios que me envolvían cuando desayunaba y leía la prensa en el porche, los zorros escondidos, las palomas y los mirlos batiendo sus alas, los perros ladrando sin cesar, las ardillas que merodeaban el encinar desaparecían enloquecidas, mientras la piscina de la casa, construida por el ilustre arquitecto Rafael Manzano, enamorado de Carmen, motivo por el que, sabiendo que no sé nadar, le daría una profundidad de más de tres metros (?) se llenaba de pavesas. A lo lejos, el humo y alguna que otra llama aislada jalonaban la visión del idílico paisaje amenazado por los incendios.
El fuego no es nuevo. Ha existido desde hace millones de años y es uno de los cuatro elementos básicos de la naturaleza. Y aunque el dominio del fuego tiene una gran cantidad de dudas e incógnitas, lo primero que debemos tener muy en cuenta para la prevención, es identificar los principales riesgos que puedan existir para su propagación. Cada vez que paseo por mi entorno en el campo y veo a alguien fumando, siempre le advierto que tenga cuidado donde arroja la colilla.
Porque no es la primera vez que el resto de un cigarrillo mal apagado ha sido causa de un gran incendio. Y lo más triste es que tampoco será la última.
No me gustaría finalizar estos comentarios sobre el fuego sin referirme a la gran chorrada del «puto amo» de Moncloa cuando se refiere, culpando el tema, a la “emergencia climática”, un eslogan de «una doctrina socialista cargada de frases huecas y escasa de medidas realistas» cuando a esa «emergencia climática» siempre se la ha calificado de «ola de calor». Menos demagogia, por favor.
Y tampoco me gustaría finalizar este artículo sin pensar en todos los cientos de personas que ya han podido regresar ¿a sus casas? calcinadas, a sus pueblos, a su ganado perdido en el mejor de los casos, a su entorno quemado, chamuscado, desaparecido, a ese valle del Tiétar con sus helechos y castaños, ardiendo lentamente todavía como si se tratara de luciérnagas al anochecer.
Definitivamente, por todo ello, me han jodido las vacaciones.
PD: Al cierre de la columna, siguen los incendios en Zamora y Castellón.
CHSSSSSSSSSSSSSSSSSS
El cambio climático no ha impedido que la Familia Real y la del presidente del Gobierno hayan elegido paraísos para sus vacaciones estivales mientras cientos de miles de ciudadanos españoles se ven obligados a quedarse en sus hogares, en caso de tenerlos y no haber desaparecido entre las llamas.
Tras la noticia, a una mala decisión, una rápida respuesta.
Desconozco los motivos por los que mi compadre ha puesto en venta (sin estrenar) su lujosa mansión en Galicia por 4,5 millones de euros.
Tal como se han comportado con él, ha debido pensar y hacer como Santa Teresa.
Primero fue su hermano, ahora es ella quien ha decidido eliminar, legalmente, el apellido de su padre. Una decisión que nadie entiende, aunque sigue el camino iniciado por su hermano y conculcado por su madre. Por algo será.
No solo se divorció de su marido, sino que se ha visto obligada a pagar la deuda mantenida con el banco por varios millones.
El último gesto de generosidad antes de su muerte fue dejar un buen pellizco de su fortuna para sus ahijados y amigos más íntimos.
Emocionó ver entregar a su abuelo la medalla de campeón del Mundo. «Aquellos que tienen a sus abuelos, lo entenderán». Y los que no lo tienen, también.
Últimamente, el culo se ha convertido en el gran reclamo de las famosas en los reportajes en la revista de «mis amores y mis dolores». Mucho más que el pecho y que muestran con generosidad, como Sara Carbonero. Un espléndido y generoso trasero.
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